15 Festival de Sevilla

Del SSIFF al SEFF Por Paula López Montero

Apenas ha pasado un mes y medio desde que volvimos de San Sebastián y ya empezaba a echar de menos esto de lo del festivales. De hecho, se podría decir que no he visto cine de la misma manera que antes. Y en este mes y medio de “parón” he tenido que echar el freno y replantear mi relación con la crítica cinematográfica y mi lugar en ella. Algo ocurre cuando te sumas a este circuito de visionados y la costumbre de escribir a tu ritmo se trastoca por completo, te pones a prueba ante la necesidad y la responsabilidad con el cronómetro al lado. Yo en realidad, soy de texto largo y de reflexión pausada, me gusta hurgar en los entresijos del filme, dejar que mi mente llegue hasta el final del laberinto, leer cosas antiguas, viejas ideas, para buscar apoyo y afirmación. Eso casi no ocurre en un festival –o les ocurre sólo a los experimentados, a los eruditos-, en general te ves mucho más seducido por las emociones y sensaciones que te transmite una película más que por las raíces de su texto. Y en realidad tiene sentido, en los festivales se pone a prueba el tirón de una película, es un pre-examen de lo que será la cartelera.

No os voy a engañar, tengo las mismas expectativas que cuando fui al SSIFF y las mismas ganas, a pesar de que el curso ha empezado y tengo el cuádruple de tarea y menos tiempo libre. Tampoco he estado nunca en Sevilla. Delito, lo sé. Pero siempre hay una primera vez y qué mejor manera que estrenarme con el SEFF de por medio. Aquí tengo que volver a darle las gracias al capitán, Manu Argüelles, por confiar en mi de nuevo, y por su generosidad. También aprovecho este espacio para felicitar a Javier Acevedo por la reciente cobertura que ha hecho de la SEMINCI, brutal, colosal, para mi entra en esa erudición de la que hablaba antes porque sus textos son tremendamente profundos y sutiles, de la que recojo el testigo. Lean sus conclusiones, no tienen desperdicio.

Afronto este festival con una mirada mucho más contextual, fijando la atención en Europa exclusivamente para intentar escudriñar las fobias, filias, incertidumbres, fracasos y éxitos que nos determinan como colectivo, o si, incluso, podemos seguir llamándonos Europa con tanto auge del nacionalismo al frente y analizar las flaquezas del sentimiento de comunidad. Desde luego no cabe duda que vivimos una época de cambios y unos buenos tiempos para el cinematógrafo. Europa, su cine, quizá sea la pluma que mejor entienda, de la que más he estudiado, la que más me toca de cerca.

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Y ahora sí, vamos con la programación del SEFF. Empezaré por lo que me toca más de cerca y es que hay dos películas que ya he visto y son Tiempo después (José Luis Cuerda, 2018) una magnífica sátira, con el humor que precede a Cuerda, recuperando lo mejor de Amanece que no es poco (José Luis Cuerda, 1989), especie de distopía de clase política donde el icónico edificio madrileño de Las Torres Blancas, sinécdoque de toda una época, es el centro neurálgico del film; y Leto (Summer, Kirill Serebrennikov, 2018) que habla de la escena del rock contracultural y subalterna en la lejana Rusia. Y empezaremos por esta nación que nos trae, ahora más que nunca, varias propuestas que nos hablan desde su imaginario y son Dovlatov (Alexey German Jr, 2018) que nos habla de la vida del escritor Dovlatov en donde se traza un retrato de la Rusia de los años setenta, de la cultura literaria y de la condición del artista. Muy en sintonía con Leto, los directores rusos nos empiezan a transportar a su escena más artística. También en la sección Nuevas Olas podemos encontrar Anna’s war (Aleksey Fedorchenko, 2018) ambientada en Ucrania, 1941, y que propone una suerte de historia de Anna Frank huyendo de los nazis; o Putin’s Witnesses (Vitaly Mansky, 2018), una no ficción imposible de estrenar en su país, que habla del presidente de Rusia.

Seguimos con la propuesta colosal francesa empezando con, cómo no, con Oliver Assayas y su Non Fiction (2018) película inaugural de esta edición que nos vuelve a traer a Juliette Binoche y a Guillaume Canet para hablarnos desde sus temas más icónicos como son las relaciones humanas, las fantasmagorías que se despiertan entre ellas y el mundo cultural francés como contexto y desvelamiento de las mismas. Quizá la película que con más ganas cojo por haberme sabido enganchar casi como ninguno con sus dos últimos largometrajes: Viaje a Sils María (Sils Maria, Oliver Assayas, 2014) y Personal Shopper (Oliver Assayas, 2016). Continuámos de cerca con Mia Hansen-Love y el estreno de Maya (2018) después de la estupenda El porvenir (L’ Avenir, 2016) que nos plantea un viaje a la India y a su espiritualidad tras haber vivido un secuestro en Siria, una película río que seguramente tenga mucho que decir en cuanto a lo cultural y personal se refiere.

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Maya

También encontraremos lo nuevo de Lázló Nemes que para mi levanta tanta expectación después de las ambivalencias y sobre todo el replanteamiento de la posición crítica con el Holocausto que proponía El hijo de Saúl (Saul fia, 2015). Sunset (2018), su nueva película, se nos plantea de nuevo en pleno terreno bélico, una historia en las semanas previas a los acontecimientos de la Primera Guerra Mundial en Hungría con la decadencia del Imperio Astrohúngaro de telón de fondo y vehiculado esta vez por la joven y atormentada Irisz Leiter. Continuando con Francia podré ver La casa de verano (Les estivants, Valeria Bruni Tedeschi, 2018) que cae en la seducción de la autoparodia de sus propias películas y el slapstick; Pearl (Elsa Amiel, 2018) que nos habla del sacrificio, la femineidad y la maternidad dentro del mundo del deporte, esta vez dentro del culturismo; Vivir deprisa, amar despacio (Plaire, aimer et courir vite, Christophe Honoré, 2018) París, 1993, una historia de amor homosexual que hablará mucho del contexto cultural que los sostiene; A violent desire for joy (Clément Schneider, 2018) una suerte de relato a medio camino entre Pasolini y Eugène Green durante los tiempos de la Revolución Francesa o Algo está pasando (Il se passe quelque chose, Anne Alix, 2018), otro viaje intercultural e iniciático.

Por otra parte y en otros contextos veré procedente de Alemania Obra sin Autor (Werk ohne Autor, Florian Henckel von Donnersmarck, 2018); de Grecia, Pity, con guión de Efthymis Filippou (Babis Makridis, 2018); desde Rumanía en coproducción con Alemania, República Checa y Bulgaria, Touch me not (Adina Pintilie, 2018); de Bosnia en coproducción con Portugal, The tree (Andrè Gil Mata, 2018); de España, Alegría, tristeza (Ibón Cormenzana, 2018) o Entre dos aguas (Isaki Lacuesta, 2018) sobre la que ya escribimos en San Sebastián; y además también podéis leer la crítica que ha hecho Javier Acevedo en la Seminci de La mujer de la montaña (Kona Fer Í Stríd, Benedikt Erlingsson, 2018) de Islandia. Huelga decir que con esta programación se reitera la clara apuesta del SEFF por un cine europeo fuera de convenciones, que sirva sobre todo para sorprender, argumentar, criticar, y que genere tanto desconcierto como acuerdo.

 

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