Agost

¡Ahora soy yo quien manda aquí! Por Fernando Solla

“Abróchense los cinturones. Esta noche habrá turbulencias…”Bette Davis en Eva al desnudo (All About Eve, Joseph L. Mankiewicz, 1956)

Tracy Letts (Tulsa, Oklahoma, 1965) estrenó August (Osage County) en 2007. Después de un primer montaje en Chicago, la obra se estrenó en Nueva York al año siguiente, catapultando a esta joven promesa de la dramaturgia norteamericana contemporánea hasta su consolidación definitiva como autor dramático. La obra alcanzó el éxito, de crítica y público, de manera inmediata y se alzó con el premio Tony y el Pulitzer a la mejor pieza teatral de 2008. El mundo anglosajón se hizo eco de la repercusión obtenida por el texto de Letts y se realizaron varios montajes, a destacar de entre todos ellos el del National Theatre de Londres (2008).

Sergi Belbel (Terrassa, Barcelona, 1963), director artístico del TNC (Teatre Nacional de Catalunya) desde 2005, compró los derechos de esta obra a la iniciativa escénica privada barcelonesa, que la tenía guardada en un cajón, debido a la complejidad de montar una puesta en escena de semejantes características.

Sin amedrentarse ante la dificultad del proyecto, estrenó su Agost, primer montaje en lengua no inglesa de la obra durante la temporada 2010-2011, consiguiendo un éxito rotundo y colgando el dificilísimo cartel de “Exhaurides totes les localitats per a la funció d’avui a la Sala Gran” en casi todas las funciones. Muchos fueron los espectadores que se quedaron sin su entrada para este deslumbrante montaje, así que Belbel decidió reponer su espectáculo la temporada siguiente, es decir, durante la actual 2011-2012.

Más del sesenta por ciento del aforo total vendido antes del estreno y agotadas las entradas para todas las funciones poco después. Prórroga de tres semanas y… agotadas de nuevo. 100% de ocupación media en una temporada teatral recortada en presupuesto y que gracias al excelentísimo talento de nuestros programadores públicos (y alguno privado) no ha disminuido la calidad de la oferta y ha conseguido mantener unos altísimos índices de ocupación, satisfaciendo la demanda.

Apuntemos, pues, esta fecha: 08/07/2012, que queda desde este mismo día cincelada a fuego en las piedras estructurales de la sala, y en la memoria de los espectadores. Última caída de telón de un espectáculo que ha hecho historia en el TNC. La obra más representada desde 1996, año en que se fundó el teatro, con un total de 103 funciones, consiguiendo el récord de casi ochenta mil espectadores. Batiendo en cifras, y casi igualando (aunque no superando) la excelencia artística de aquella obra maestrísima titulada Dissabte, Diumenge i Dilluns (Sabato, Domenica e Lunedi, Eduardo de Filippo, 1959) con la que el mismo Belbel nos noqueó durante dos temporadas entre 2002 y 2004. Anna Lizaran, a la que hace pocos días se le ha dedicado un ciclo cinematográfico en la Filmoteca de Catalunya, nos ofreció entonces, talmente como hace ahora en Agost una interpretación inconmensurable, para la cual no hay calificativo inventado todavía. Los que la conocemos, ya sabemos el milagro teatral que se produce cuando la Lizaran pisa las tablas de un escenario.

¿Qué cuenta August: Osage County, que nos apasiona sobremanera? Mediante un constante uso de un tipo de giro dramático que no suele experimentarse en producciones teatrales americanas, nos encontramos ante una obra sobre el alcoholismo, la drogadicción, el incesto, el divorcio, la pedofilia, el suicidio y el cáncer. Pero esta historia de dolor incesante, intrínsecamente individual y esencialmente colectivo, no se canaliza a través de la tragedia, si no que provoca en la platea entera un continuo estallido de carcajadas irreprimibles, calando hondo en nuestro interior a modo de comedia salvaje, negra y cruel, para hacernos partícipes del devenir de unos personajes que parecen muy lejanos y transformando su drama en el nuestro propio, al tomar consciencia de que nos somos tan distintos a los miembros de la familia Weston que vemos en escena. No es casualidad que George Clooney se haya hecho con los derechos para producir la versión cinematográfica de la obra, que interpretarán ni más ni menos que Meryl Streep y Julia Roberts, y dirigirá John Wells, artífice de la comprometida The Company Men (2010), con guión del mismo Tracy Letts.

¿Qué aporta Agost al panorama teatral actual? Un montaje rotundo y completísimo, rabiosamente escarnecedor. Y unas interpretaciones de todos y cada uno de los miembros del reparto más que destacables. La obra empieza con el abandono de Beberly Weston, un Francesc Lucchetti, en una creación alcohólicamente telúrica, breve y estupenda, patriarca familiar, de “la” casa, esa maravillosa y enorme creación de Max Glaenzel y Estel Cristià, que se abre de izquierda a derecha del escenario barriéndolo todo a su paso, como delimitando un formato panorámico de western cinematográfico, para mostrarnos todo su mastodóntico esqueleto de cuatro pisos, cuya estructura está podrida desde los cimientos, a punto de derrumbarse.

Una casa de la que se han tapado todas las ventanas para no saber si es de día o de noche. Ataúd doméstico y familiar que dificulta el escape una vez se está dentro, pero del que durante las agilísimas más de cuatro horas que dura el montaje todos los personajes intentarán huir antes de que se cierre de nuevo y no se abra más. Increíble y desgarrador toque maestro de Belbel, la culminación de la obra con ese cierre (también panorámico) del mamotreto escénico, que levanta un último suspiro de hojas secas. Naturaleza muerta y definitiva. Ahí está Sergi sentando cátedra. ¡Bravo! La podredumbre se extiende a la estructura familiar, social y política hasta convertirse en casi apocalíptica, riéndose del fin del mundo, como si convirtiéramos la seriedad y trascendencia de Take Shelter (Jeff Nichols, 2011) en una parodia, con la ironía y mordacidad del mejor Robert Altman.

La desaparición (suicidio) de Beberly hará que todos los miembros de la familia Weston se reúnan de nuevo. La podredumbre general del principio seguirá presente, pero a medida que avanza la obra asistiremos a una disección global del concepto de herencia y expropiación, material y espiritual. Violet Weston (Anna Lizaran) padece un cáncer de boca, que la expropia de su propio cuerpo, que intenta sofocar atiborrándose a fármacos, que le calman el dolor pero no la mala leche. La llegada de las hermanas Weston nos mostrará el carácter a lo Bette Davis (actriz a la que se alude en varios momentos de la obra) de Violet, cuyo monumentalmente iracundo broncazo y repaso general a todos y cada uno de los miembros de su familia, que ocupa prácticamente la totalidad del segundo acto de la obra, nos parece una de los momentos teatrales claves de la historia de este arte que tanto nos gusta.

Barbara (Emma Vilarasau) heredará el fracaso matrimonial de su progenitora y la expropiará de su figura de matriarca. Su todavía marido Bill (acertada la aureola de cultureta que aporta Abel Folk), narcisista confeso mantiene una relación con una joven alumna de la edad de su hija (meritoria Clara de Ramon), en palabras de su madre una chica “culta de cojones” pero obviamente inexperta, incapaz de transformar esa sabiduría que tanto parece poseer y experimentar a través de la literatura y las películas a la vida real. Ivy (estupendísima Rosa Renom), segunda de las hijas, algo retraída y tímida, hereda el cuidado de la madre enferma, mientras mantiene una relación con su primo Charles, el nen (emocionante y tierno Albert Triola), perpetrando los lazos corruptos que asfixian a los Weston. Su madre, Mattie Fay (divertidísima Maife Gil) comparte con su hermana Violet, esa crueldad desnaturalizada hacia su hijo mientras que su padre Charlie (desternillante Jordi Banacolocha, queridísimo en esta casa) intenta protegerle. La última en llegar será Karen (sensible y emotiva Montse Germán), que sigue perpetrando su rol de hija pequeña soñando en Steve Heidebrecht (convincente y amoral Òscar Molina) a un príncipe azul, cuando en realidad no es más que un pederasta adicto a la marihuana. Entre todos ellos se moverá Johnna (una muy convincente Almudena Lomba), india cheyenne que encarna a los habitantes nativos de esta tierra expropiada históricamente para construir el midwest americano, territorio que extiende sus llanuras geográficas hasta convertirlas en un estado mental inerte y sofocante de los actuales pobladores. Y no podía faltar el sheriff (maravilloso Manuel Veiga), que acude a la casa en varios momentos cruciales de la obra.

Aseguramos que no hemos desvelado más que unas cuántas pinceladas de este tesoro cultural que recordaremos mientras vivamos llamado Agost. Y nos encanta esa manera de recibir la brutal ovación final de una platea que ruge enfebrecida, totalmente en pie, por parte de todos los actores, de uno en uno y dándose la mano, como pasando el testigo. En especial ayer, durante una emotivísima última función en la que los actores se confundieron en varios momentos con sus personajes y se dieron el abrazo que se han venido negando durante el resto de funciones. Sobretodo ese abrazo que Emma Vilarasau le profesó a Anna Lizarán, cambiando uno de los finales más aplaudidos del teatro reciente.

No podemos terminar este texto sin dedicarle unas líneas a Emma Vilarasau. Increíble nos resulta el buen hacer de esta maravillosa actriz. Después de dejarnos totalmente boquiabiertos en numerosas ocasiones, a destacar Un tramvia anomenat desig (2000), La infanticida (2009) o Qui té por de Virginia Woolf? (2011), y aún impresionados por su labor en la película Los sin nombre (Jaume Balagueró, 1999), nos quitamos el sombrero ante su Barbara Weston, cuya interpretación, valentísima, divertida, descorazonadora y soberbia, se crece, hasta alcanzar unas cotas de calidad, empatía, emoción y conmoción espectaculares, en las réplicas que le dedica su madre Lizaran. Ese grito con el que cierra el segundo acto de “…¡ahora soy yo quién manda aquí!” se convertirá en resumen de la carrera que le espera en un futuro no demasiado lejano. Emoción la de los espectadores compartida por Emma, que ayer no puedo disimular un último sollozo al pronunciar su última línea de diálogo ante su madre escénica.

Y aquí es cuando el escrito se convierte en carta de amor y agradecimiento confeso. El que avisa no es traidor. El aquí presente siente una adoración hacia Anna Lizaran tan inconmensurable como el talento de esta personalidad, de esta bestia de la escena. Es Anna “la” ACTRIZ que nos ha enseñado a emocionarnos, hasta límites de los que no nos creíamos capaces, con la comedia, con la energía y humanidad que aporta a los personajes que interpreta. Recordamos salir del teatro llorando y riendo a partes iguales después de su portentosa Rosa Priore de Dissabte, diumenge i dilluns (2004), noqueados con su Galàctia de Escenes d’una execució (2001-2002), taquicárdicos y vistiendo luto interno tras su espeluznante muerte en vivo de Forasters (2004-2005), y así un sinfín de ocasiones. Envidiamos a los que vivieron sus inicios teatrales en el Lliure de Gràcia, histórica sede cultural que tenemos la suerte de volver a tener en activo. La queremos, señora Lizaran, por sus interpretaciones, pero también por ese amor y esa dignificación del teatro que sabemos que posee y transmite cuando la vemos aplaudiendo en pie a rabiar a su compañera Núria Espert en el estreno de La violación de Lucrecia (2011) o emocionada en el Romea en la última función de La familia dell’ antiquario (2007), dirigida por su cómplice Lluís Pascual…

La queremos, por lo que es, por lo que representa y por todo lo que nos ha enseñado a descubrir de nosotros mismos mientras experimentamos, agradecemos y aplaudimos ese placer infinito que supone verla en escena. Y la quisimos todavía más ayer tarde en esa última función de Agost que se ha convertido ya en un momento crucial y clave en la todavía joven pero longeva memoria teatral del aquí escribiente. ¡Hasta la próxima, señora Lizaran!

Share on FacebookTweet about this on TwitterGoogle+Email to someone

Comentarios sobre este artículo

  1. Jose dice:

    Extraordinario documento sobre ” Agost” . Certeras palabras para relatar lo que ha supuesto este acontecimiento teatral.

Comenta este artículo

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>