Incendis (Incendies)

La tragedia griega en el S. XXI Por Manu Argüelles

Finalmente, el autor teatral canadiense de origen libanés, Wadji Mouawad, ha podido aterrizar en Barcelona, aunque haya sido indirectamente. Estaba previsto que el año pasado llevase al Grec su montaje Des femmes compuesto por las obras de Sófocles, AntígonaElectra y Las traquinias. Pero dentro del grupo de actores se encontraba Bertrand Cantat, sentenciado a ocho años de presidio por el homicidio involuntario a Marie Trintignant, la que era su esposa. El Ayuntamiento de Barcelona rechazaba que el actor participase y, en consecuencia, Wadji Mouawad, al que le une una estrecha amistad con Cantat, decidió renunciar a pasarse por Barcelona.

Pero aunque no sea él mismo quien venga en esta ocasión, podemos comprobar su arte a través de Incendis, cuya primera representación fue el pasado 21 de febrero y estará en cartel hasta el próximo 22 de abril en el Teatre Romea.

Se trata de una producción de La Perla 29 y está dirigida por Oriol Broggi, reciente ganador del premio Ciutat de Barcelona de Teatro 2011 por su dirección de Luces de bohemia, montaje que pudo verse en la misma edición que hablábamos del Grec.

La obra original forma parte de una tetralogía: Le sang des promesses compuesta por Forêts, Littoral, Incendies y Ciels, una búsqueda de las raíces en medio del conflicto del Líbano. De las cuatro, la que ha alcanzado notoriedad internacional ha sido la que nos ocupa, gracias a la laureada y excelente adaptación cinematográfica que Dennis Villeneuve llevó a cabo en el 2010, Incendies, y de la cual podéis encontrar la crítica en nuestra misma web.

Recordemos brevemente el argumento. Jeanne y Simon Marwal son dos hermanos mellizos que descubren tras la muerte de su madre -con quien no se llevaban bien, especialmente un iracundo Simon-, que su padre no está realmente muerto, y que, además, tienen otro hermano. La madre en sus últimos años de vida dejó de hablar, algo en lo que se pone mucho énfasis en la obra teatral y está ausente en el film. Una vez fallecida, les pide que entreguen una carta al padre y otra al hermano desconocido, y será entonces cuando merecerá correcta sepultura. Eso les lleva a emprender un viaje a sus orígenes y a descubrir el enigma de su propia existencia, donde el pasado se plantea como una ecuación matemática con una sorprendente incógnita.

Dado el tremendo parecido físico de Lubna Azabal -quien interpretó a la Narwal Marwan cinematográfica-, con Laia Marull, se hubiese producido un guiño gracioso que ella hubiese sido la actriz que le hubiese dado vida en el teatro. Por cierto, que suene en el montaje teatral No surprises de Radiohead, ¿actúa como seña al referente cinematográfico, en cuanto You and whose army, otra canción de Radiohead, suena en el film? Desconozco si es así, pero lo parece. Ya que You and whose army tiene importancia y sentido en el film y, en cambio, No surprises en la obra teatral está más descontextualizada, y casi parece utilizada con un sentido ornamental.

Volviendo a los actores, la ocurrencia de que hubiese sido divertido ver a Laia Marull en el papel de Narwal Marwan, no quiero que se me malinterprete y que esté desmereciendo el trabajo excelente que lleva a cabo Clara Segura en el mismo papel. A ella le acompañan Julio Manrique, Xavier Boada, Màrcia Cisteró, Claudia Font, Xavier Ricart y Xavier Ruano. De ellos, tanto Clara Segura como Julio Manrique tienen el reto de interpretar un doble papel, produciéndose prácticamente cambios automáticos en la misma escena. En ocasiones, a Clara Segura solo le basta ponerse y quitarse unas gafas para dar vida a madre e hija, para representar así los continuos saltos temporales existentes en la obra. Julio Manrique da vida a los dos hermanos, y, como Clara Segura, ambos representan distintas instancias temporales.

Incendis, una obra de 3 horas de duración, supone todo un tour de force interpretativo para los actores, dada la ausencia de tiempos muertos y la permanente agilidad y rapidez que les exige. Un montaje donde se rompe continuamente la cuarta pared, tanto en la organización espacial de las butacas, dispuestas circularmente, como en la forma de solapar secuencias narrativas, donde los actores de la siguiente van entrando sigilosamente en escena sin que la anterior haya finalizado. No faltan tampoco interpelaciones directas al espectador (Xavier Boada como el abogado empieza hablando al público), así como gestos metarranativos que evidencian las señas de enunciación y desenmascaran el artificio de la representación. Se establece así una proximidad con el público que favorece la conexión de la obra con su audiencia.

De la misma manera, Wadji Mouawad en la obra original de Incendis, en su forma de construir el arco dramático, acerca a la concurrencia actual los tropos y constantes de las obras clásicas de su admirado Sófocles, recogiendo el esquema de obras como Antígona o Edipo Rey, adaptándolas a una historia contemporánea. Su deuda con la epopeya griega queda más patente en la obra teatral que en el trabajo cinematográfico. No solo por la solemnidad y la inevitable declamación e intensidad interpretativa característica del medio teatral -la cual pone en evidencia más si cabe su origen de gran tragedia griega en los tiempos de hoy-, sino porque Denis Villeneuve suprime personajes, entre ellos, el que alude explícitamente a Antígona, como es el de Màrcia Cisteró. Aquí Màrcia interpreta a la amiga que acompaña durante buena parte del periplo a Marwan. Ella es la mujer que canta, y su personaje viene a ser una paráfrasis del que ya constaba en Antígona, Ismene, la hermana comprensiva de Antígona. En el film, en cambio, el mito se funde en la propia Marwan, decisión sabia que realza su personaje y refuerza su carácter épico. No hay jerarquías de valor en ese sentido. Es más lógico que Villeneuve camuflase, aunque nunca sin anularlo, la deuda de la trama con el teatro griego, dado que es consciente que el cine impone otras directrices diferentes a las que orientan al teatro.

Ciertamente, estamos ante un juego de matrioskas, ante el cual es difícil hacer aseveraciones, dado que nos queda por saber cuánto hay de modificación en la dirección de Oriol Broggi respecto a la obra original de Mouawad. Pero aventuramos que unas de las notables diferencias de la representación que vimos respecto a Incendies, viene con la indeterminación geográfica, política y contextual que se da en la obra. La abstracción de estos vectores en el teatro se efectúa para que el relato alcance un ámbito más universal, y a la vez el espectador conecte fácilmente. Villeneuve sí le da un peso específico y notable al conflicto de Líbano, y dispara así su proyección alegórica a través de un conflicto íntimo, esfera que enriquece notablemente al film.

Supongo que Oriol Broggi ha procedido a esta abstracción para acercarlo al público barcelonés, porque siendo Wadji Mouawad libanés y recreando un episodio autobiográfico en el montaje (la secuencia del autobús), nos lleva a decantarnos que es una decisión específica de la puesta en escena barcelonesa. No es que sea estrictamente un error y lo comprendemos, pero somos más partidarios de aquella consigna ecologista aplicada a la ficción: actúa local, piensa global. Es una forma de enriquecernos de otras culturas y ampliar el conocimiento. Villeneuve lo entiende muy bien. En Incendis eso se pierde.

No obstante, hay que decir que la experiencia de Incendis en el Romea resulta notable. No hay tiempo para pestañear, ya hemos hablado del ágil ritmo, te mantienes permanentemente pendiente de todo lo que acontece, y su puesta en escena minimalista está muy bien resuelta para que sean los actores y la palabra los que lleven todo el peso durante tres intensas horas. Y aun conociendo perfectamente la historia, como fue mi caso, no perdí interés en ningún momento. El único pero que le pongo es al doble personaje de Julio Manrique. Yo soy muy fan de actores con tendencia al histrionismo como Al Pacino y Jack Nicholson, pero la actuación de Julio Manrique me rompió con frecuencia el tono de la obra y creo que estaba excesivamente pasado de vueltas. Percibo su función humorística (ausente en el film) y su doble rol está creado para descongestionar tanto dramatismo y sufrimiento que se vive y restar un poco de grandilocuencia. Pero su notable contraste con el resto de interpretaciones, así como su brusca ruptura de la modulación cada vez que aparecía, me perturbaba más que relajarme. En cambio, Clara Segura está absolutamente perfecta en su doble rol.

Una conclusión más que evidente ante la experiencia de Incendis-teatro e Incendies-cine. Ambas se disfrutan por igual, pero Denis Villeneuve como cineasta, en las decisiones que adopta, demuestra una grandiosidad ejemplar y, algo inusual, la película se ve fortalecida después de asistir al teatro. Pocas veces podremos decir lo mismo de largometrajes respecto su origen.

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Comentarios sobre este artículo

  1. I. dice:

    Completament d’acord, un minimalisme fantàstic, molt entenedor i actuacions més que correctes. Em va encantar com els espectadors entràvem dins l’escenari, sense separacions, a l’estil del que fa el Broggi a la Biblioteca de Catalunya. Si us ha agradat, també recomanaria la versió cinematogràfica, molt calcada a l’obra del Romea.

  2. Moltes gràcies pel teu comentari. Sí, nosaltres també recomanem el film, del qual hem publicat també la crítica: http://www.cinedivergente.com/criticas/incendies

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