American Horror Story

Desconcertante. Transgresora. Magnífica Por Arantxa Acosta

"We're just lost souls, aren't we?"Moira, American Horror Story

Ha llegado a cotas insospechadas (ya se comenta en las redes sociales si no hay sobredosis), de vez en cuando encontramos verdaderas joyas como esta, American Horror Story. Con una atmósfera digna de la mejor película de terror, un guión con un planteamiento deliberadamente confuso, un montaje que pone en cada capítulo los pelos de punta y unas interpretaciones, es sin duda una de las mejores series de 2011 y, por supuesto, la mejor del género… si es que hay otra comparable.

American Horror Story

Orígenes: cuando alguien se atreve a hacer algo diferente

De vez en cuando, hay series que destacan y ayudan a que se evolucione, televisivamente hablando. En 2001, Alan Ball sorprendió hablando sin tapujos de la muerte, la homosexualidad o las drogas, en la  excelente A dos metros bajo tierra. Esta serie abrió la veda a poder dar al espectador no sólo entretenimiento, sino también reflexión, tensando la cuerda hasta el límite (un gran ejemplo fue el episodio 04×05, That’s my dog, punto de inflexión absoluto en aquella gran serie).

Éxitos como este animaron a realizar series como Carnivàle (Daniel Knauf, 2003), también de HBO, centrado en los personajes de una feria ambulante que nos mostraba la cara oculta tanto del bien, como del mal. La calculada fantasía de esta serie absorbió a millones de espectadores, pero tanto por el presupuesto necesario para cada capítulo como por la elevada complejidad de su trama se decidió, injustamente, cancelarla.

Estos dos ejemplos son una clara referencia de lo que podemos ver en American Horror Story: una serie que se atreve a tocar temas ya poco tabús como la homosexualidad, la vida en pareja o el adulterio; pero también la violación, la muerte – desde un punto de vista menos terrenal y más terrorífico, y sobretodo, el bien y el mal.

Preguntas como ¿qué nos lleva al suicido? ¿Somos todos malos por naturaleza? ¿Morir es la forma de exhumar nuestros pecados, o es sólo el paso natural de transición?… se plantean continuamente en cada visionado. Es más, ¿estaremos mejor o peor muertos?¿Nos daremos cuenta de ello? ¿Qué supone, exactamente, estar muerto?

Con un alto contenido sexual, pero sobre todo psicológico, nos encontramos ante una serie que ha sabido combinar los mejores cuentos de terror con asesinatos reales de la historia de América (aparece, por ejemplo, la Dalia Negra, famoso asesinato de los años cuarenta que en la serie se vincula con la casa encantada), aportando a cada capítulo no sólo la revelación de la historia de la familia principal (y de su previsible destino) que se nos quiere explicar, sino también explicaciones diversas sobre cómo la historia de una casa puede influir en la historia de nuestras vidas, de nuestro país. Curiosa mezcla de conceptos que podrán gustar o no, pero seguro no dejan indiferente.

 American Horror Story: una historia conocida con un formato desconocido

El inicio es típico: la familia Harmon (madre, padre, hija) se muda a su nueva mansión con ganas de enterrar su pasado, que iremos descubriendo poco a poco. La vendedora les advierte de que los anteriores propietarios murieron de forma trágica en la casa. No obstante, se calla que no se trata de la única muerte que se ha dado allí… pero es que sólo tiene la obligación de revelar los casos acontecidos hasta un máximo de tres años atrás. Los fenómenos extraños se inician nada más mudarse: voces que claman que morirán allí, visiones de cuerpos mutilados, gente que se pasea por la casa y desaparece misteriosamente… en fin, lo normal en el género.

Pero poco a poco conocemos más detalles: algo raro pasa con la vecina (una Jessica Lange sublime, galardonada con el Globo de Oro 2012, merecidísimo), que esconde terribles secretos y que intenta por todos los medios echar a los Harmon de la casa; el niño que acude a terapia (el padre ejerce de psicólogo) se enamora de la hija, y sabemos que hay algo que no va bien. Si a esto le sumamos la figura de un aterrador hombre embutido en un traje de látex negro que tendrá un especial protagonismo hasta el final de la serie, los flashbacks que inician cada episodio recordando uno de los asesinatos acontecidos en la casa y que de una forma u otra van a relacionarse con la familia, o la historia, que también vamos a conocer a cuentagotas, del médico que mandó construir la casa… la tensión está servida.

Pero el éxito de American Horror Story no radica en su argumento, que ya vemos es bastante típico, sino en la forma de explicarlo. Empezando por los títulos de crédito (es de las cosas más rebatibles: por muy impactantes que sean, que lo son, no dejan de recordar a los transgresores títulos utilizados por David Fincher en Se7en,1995),  la ambientación y la música es clave para generar un estado de alerta continuo. Cada personaje, cada pequeña historia tiene un color y una música. Por ejemplo, el doctor Montgomery siempre viene acompañado por una versión muy poco distorsionada (otro de los puntos que hacen no sea original al 100%) de la pieza principal de la banda sonora de Drácula de Bram Stoker (Francis Ford Coppola, 1992). El montaje, como decíamos al inicio, también es clave para mantener nuestra atención: cortes inesperados, imágenes subliminales, sonidos en diferido… pero, lo más importante: un guión que está plagado de pistas para reconocer cuáles serán los siguientes pasos. Hay que ser muy hábil para detectarlos en el momento, y sin duda se rebelan con mayor precisión con un segundo visionado, absolutamente recomendable, de cada capítulo.

Imprescindible para amantes del género, pero sobre todo para amantes de las series que no se limitan a entretener. Pensada para transgredir, lo consigue con creces… se hace difícil que la sociedad americana la haya aceptado, la verdad. Eso sí, a ver qué nos espera en la segunda temporada, ya que el listón se ha dejado muy alto.

TRAILER:

 

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