La Morada del Hombre

Fotografías de la colección Martin Z. Margulies Por Isaac Rubio

La Fundació Foto Colectania junto con La Fundació Suñol acogen en Barcelona hasta el próximo 16 de junio la exposición La Morada del Hombre. Fotografías de la colección Martin Z. Margulies. La muestra, comisariada por el antiguo director del Centre national de la Photographie, Régis Durand, exibe más de 150 fotografías de 50 artistas diferentes que exploran la cuestión de cómo construimos y habitamos el mundo. Durand extrae el hilo narrativo de la exposición basándose en la distinción conceptual entre construir y habitar el mundo que articula Martin Heidegger para interpretar una obra tardía del poeta alemán Friedrich Hölderlin.

 Ámbito I: Construir, habitar: cartografiar territorios.

El peso de esta sección se encuentra en la representación del territorio. La presencia del ser humano sólo aparece ocasionalmente en forma de sombra. Entre otras fotografías, esta sección recoge una selección de los paisajes yermos y baldíos del interior de los Estados Unidos de Frank Gohlke y Jeff Brows que evocan la poética visual de Robby Müller en el film Paris Texas (1984) de Wim Wenders. La obra magistral y enciclopédica de Bernd y Hilla Becher también está presente con una muestra de sus impecables retratos de edificios industriales que se complementan con las instantáneas de logos a pie de carretera de Frank Breuer.

Lewis Baltz aparece representado en la exposición La Morada del Hombre a través de una selección de sus fotografías de fachadas obsesivamente inexpresivas que parecen presentarse como la cara exterior de los interiores claustrofóbicos y enfermizos del fotógrafo alemán Thomas Demand.

También resulta interesante una selección de fotografías anónimas de maquetas realizadas en la década de los 20 por arquitectos de la Escuela Vkhutemas siguiendo los preceptos vanguardistas del constructivismo soviético y de los que se haría eco Fritz Lang a la hora de idear la escenografía de Metrópolis (Metropolis, 1927).

Ámbito II: Estar en el mundo.

En esta parte se analiza el modo en que el paisaje urbano y la modernidad han dejado su impronta en el ser humano y en su actitud cotidiana tanto en el ámbito del trabajo como en su tiempo de ocio. Esta sección reúne obras de algunos de los fotógrafos estadounidenses más célebres del s. XX. Cabe destacar las instantáneas de las calles y las gentes Nueva York de Helen Levitt y Berenice Abbot y los retratos costumbristas de las migraciones provocadas por la Gran Depresión realizados por Dorothea Lange y Walker Evans. Éstas imágenes nos remiten al mundo narrado por John Steinbeck en Las uvas de la ira que más tarde John Ford llevaría magistralmente a la pantalla.

El mismo Evans sería quien prologaría el libro “Little Screens’ que recogía uno de los primeros trabajos fotográficos que Lee Friedlander realizó en la década de los 60 y que tanto ha influido en la estética de las road movies. La exposición muestra algunas de éstas instantáneas en las que se muestran una serie de desangeladas habitaciones de moteles donde la presencia de unos inquietantes monitores de televisor encendidos es el único testamento que ofrecen de toda existencia humana.

También resultan interesantes las obras de Thomas Struth y August Sander que exploran el ámbito del trabajo con sus fotografías de máquinas y retratos de trabajadores.

Esta sección continúa con dos estremecedores retratos realizados por Pieter Hugo en Nigeria que abordan el tema de la violencia en las sociedades africanas desde una interesante perspectiva estetizante que se aparta del enfoque periodístico de los trabajos que  Kevin Carter, Greg Marinovich, Ken Oosterbroek y Joao Silva realizaron en Suráfrica en los 90 y que el director alemán Steven Silver ha homenajeado en su film The Bang-Bang Club (2010). Por último el retrato bizarro Trauma #4 de la fotógrafa británica Willian Wearing cierra este ámbito planteando a través del simbolismo de la máscara la tensión entre imagen pública y  protección de la intimidad en la construcción de nuestra identidad.

 Ámbito III: Flujos, signos, símbolos.

 La incertidumbre y absurdidad de un mundo gobernado por fuerzas impredecibles que escapan al dominio del ser humano es el hilo narrativo de esta última sección. Bajo esta idea se presentan una selección de imágenes que representan el poder devastador de las fuerzas de la naturaleza y el lento proceso de decadencia que el paso del tiempo imprime a toda obra humana.

Joel Sternfeld y Jeff Brouws exploran el rastro que la catástrofe imprime en el paisaje y el rostro humano con la fotografía de un paisaje devastado tras un tornado y los retratos desesperanzados de tres supervivientes del Katrina respectivamente.

Más próximos al homenaje a la frágil y delicada belleza de la naturaleza que oferecen películas como Rivers and tides (Rivers and Tides: Andy Goldsworthy Working with Time, Thomas Riedelsheimer, 2010) el conjunto de 40 imágenes que integran la obra Glaciar del danés Olafur Eliasson y las sugerentes e hipnóticas imágenes de la superficie del río Támesis de Roni Horn ahondan en el sentido de misticismo y  constante mutabilidad de la naturaleza.

Por otro lado, las fotografías de Stan Douglas documentan el declive industrial de Detroit y Anthony Hernández husmea con su cámara rastros de habitáculos de los sin techo en la ciudad de Los Ángeles.

Por último, la exposición se cierra con la excepcional Pergamon Museum de Thomas Struth que interpela al espectador a cuestionarse si nuestro habitar en el mundo no se reduce a un simple deambular como espectadores por un paisaje en ruinas de civilizaciones pasadas.

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