Taxi Driver. Melodía sobre Nueva York

So close to me blues Por Eduard Grañana

La madrugada del 24 de diciembre de 1975, moría en un hotel de Los Angeles el compositor Bernard Herrmann. Tan solo unas horas antes de su muerte, este músico neoyorquino había dado por finalizado la que sería su última obra, la banda sonora musical del film Taxi Driver . Reacio en un principio a realizar tal trabajo, Scorsese, impresionado por las bandas sonoras musicales de Herrmann en La novia vestía de negro (La marieé était en noir, François Truffaut, 1968) o Marnie, la ladrona (Marnie, Alfred Hitchcock, 1964) insistió en que fuese éste el autor de la banda sonora de su futura película. La idea del director era, a través de las imágenes y de la música, crear un estilo que autodenominó New York gothic. Finalmente, el compositor aceptó y es que éste, según parece, sentía una particular intriga por una historia donde su protagonista comía cereales con licor de melocotón [Smith, Steven C. (1991). A herat at Fire’s Center: The Life and Music of Bernard Herrmann. Ed. University of California press. Berkeley].

En una de las escenas del guión que Scorsese envió a Herrmann, un proxeneta bailaba con una joven prostituta. Herrmann pidió ayuda a otro compositor, Christopher Palmer, para que adaptara una vieja obra suya al estilo jazzístico y poder situarla en dicha escena. Palmer, tomó los cuatro primeros compases del solo para soprano de la obra As the Wind Bloweth, perteneciente a la comedia musical que Herrmann realizó en 1968 titulada The King of Schnorrer y continuó, después, con una línea melódica que completaría aquella composición. El propio Christopher Palmer tituló aquella obra So close to Me Blues, y, aquella canción que tendría que ocupar tan solo el baile entre Sport (Harvey Keitel) e Iris (Jodie Foster), terminó, gracias al entusiasmo del propio Herrmann, en una pieza clave, ya no solo de la partitura, sino de la propia película.

Taxi Driver. Melodía sobre Nueva York

La fiesta eterna

Los tonos jazzísticos que interpreta Ronnie Lang con el saxo alto, en la melodía So close to me Blues a partir de la composición de Christopher Palmer, nos transportan directamente a Nueva York. Pero no al Nueva York del protagonista de Taxi Driver, (Travis Bickle) y al de sus creadores (Scorserse, De Niro y Schrader), sino al Nueva York de una generación anterior, a la que perteneció el compositor de su banda sonora musical, Bernard Herrmann. Sus tonalidades menores, que no solo se relacionarán en el film con la presencia de personajes concretos, como pudieran ser los dos personajes femeninos, sino también con el deambular constante del protagonista por las calles neoyorquinas, nos conducen, como bien apuntó David Butler 1, a la obsesión romántica y a la soledad de todos aquellos seres que forman parte del mundo de Bickle. Pero a la vez, esta melodía también nos transporta a otro sentimiento, vinculado aquí, a la relación de los personajes con la sociedad que los envuelve, el sentimiento de la alienación. La música interpretada por Lang, es por tanto, uno de los principales elementos para hacer llegar al espectador, no solo los sentimientos que envuelven a los personajes (soledad, ausencia de romanticismo…) sino la relación que estos mantienen con la sociedad.

Incluso la escasa música diegética 2 que llegará a los oídos de Bickle provinentes de las grandes avenidas nocturnas que conducirán a éste y a Betsy a un cine porno, provienen del pasado. Son solos de batería de Chick Webb y Gene Krupa, músicos, como la canción So closet o me blues, que ya poco tienen que ver con el Nueva York del postvietnam y que están más cerca del Nueva York juvenil de Herrmann.

Resulta curioso, sin embargo, que Herrmann escogiera este género musical aun, tal y como algunas lenguas aseguran, éste despreciaba el jazz. Confesó el compositor que la elección se debió principalmente a su intención de enfriar el film. Un hecho que consigue, sin ningún tipo de duda, cuando el tema tenso y cercano al ritmo marcial que acompaña la mirada de Travis ante las calles repleta de personajes odiosos para él, da un giro de 180º para metamorfosearse constantemente a lo largo del film, en la melancólica melodía de saxo alto. Este paisaje urbano, que convierte a Travis, en toda una bomba de relojería a punto de estallar, son las calles de los años setenta en East Village, Broadway o la Avenida 42, paraísos neoyorquinos de la droga y los negocios relacionados con la explotación sexual durante aquellos años. Una especie de fiesta constante y mecanizada donde esta suave música nos causa una sensación de fiesta sin alegría, e incluso nihilista, de forma similar a la Roma de Fellini en La dolce vita (1960). So close to me blues, consigue una y otra vez, impedir que esta bomba estalle, o en palabras en Herrmann, enfriar un ambiente, demasiado caldeado.

En un solo momento del film, la melodía So close to me Blues se convertirá en diegética, y es curiosamente, en una de las escasas escenas en que Travis Bickle no está presente. En dicha escena, la pequeña prostituta Iris y su chulo, comparten un baile mientras en el tocadiscos suena la dulce melodía. Aunque estos personajes mantienen una relación basada en la explotación de la menor, hay que señalar, como lo hizo Carlos Losilla en su ensayo sobre este film, que nos encontramos ante el único momento del film, donde se presencia algo de ternura, algo que la mente enfermiza de Travis, no podría concebir 3. La melodía adquiere aquí un nuevo nivel, ya no solo actúa como un mero transmisor hacia los espectadores del estado mental de Travis y su mundo, sino que adquiere, por primera y única vez, una presencia real.

Taxi Driver. So close to me blues

 De héroes y villanos

La melodía So close to me Blues formaría parte de lo que un crítico norteamericano como Jonathan Rosenbaum, identificó con la parte celestial de la banda sonora de Taxi Driver. Sin duda, es solo la cara de una moneda, que se complementa por otra música más sobrecargada de metales, tonalidades más bajas y percusión. Si antes la música nos transmitía soledad, melancolía o alienación, ahora nos acerca a este estado más paranoico y perturbado de la mente de Travis o dicho de otra forma, si el saxo alto de Lang conseguía enfriar el ambiente, ahora Herrmann, lo pone al rojo vivo. Un estado perturbado que llega a su punto máximo al final del film, donde a esta música que en palabras de Rosenbaum, corresponde a la parte infernal, se le introducen timbales, que según contó el propio compositor, tenían la función de mostrar como la frustración constante del protagonista con las mujeres, se convierte en una explosión final de violencia y sangre. Incluso podríamos decir, que de alguna manera, esta música infernal, constante fuente de tensión, llega a contagiar a la dulce melodía de saxofón. Es durante la penúltima escena, donde el sonido de una trompeta con sordina sustituye al saxo alto de Lang, realizando una nueva versión de So close to me Blues. Siguiendo así la teoría de Rosenbaum, se puede afirmar que el cielo y el inferno que forman el conjunto de la banda sonora, llegan a fusionarse tras esta última orgía de sangre y violencia. De hecho, con So close to me Blues, sucede algo parecido a lo que le pasa al propio protagonista: héroe y villano, se fusionan en Travis Bickle.

Nueva York. Taxi Driver

Escribió Scorsese que si uno hace una película en Nueva York, obtiene de esta ciudad más de lo que le pide, y según el propio director reconoció, así sucedió con Taxi Driver.

En Malas calles (Mean Street, Scorsese, 1973), sin ir más lejos, tuvieron que llenar de basura las calles de Los Angeles para que pareciesen las calles de Nueva York. Con Taxi Driver, el propio equipo tuvo que limpiar las calles de Nueva York de basura antes de empezar a rodar. Scorsese quería un Nueva York gótico para su film y Nueva York le ofreció sus calles. Pero el director no quería construir este ambiente gótico exclusivamente a través de la imagen, creía que era necesario hacerlo también a través de la música, por eso, Herrmann le dio a Taxi Driver lo que Nueva York no pudo ofrecerle, una banda sonora que es capaz de introducirnos en el profundo y perturbado interior de sus habitantes y por ende, en la profundidad de esta ciudad.

Por todo esto, la historia de Travis Bickle no sería su historia sin Nueva York, pero también es cierto que el Nueva York de Travis Bickle, no sería el Nueva York de  Taxi Driver sin la música de Bernard Herrmann.

 

  1.  Butler, David (2002). Jazz Noir: Listening to music from Phantom Lady to the Last Seduction. Preager Publishers. London
  2.  Como curiosidad, estos solos de batería fueron interpretados por Gene Palma, un músico callejero que durante las décadas de los setenta y ochenta frecuentaba los alrededores de las calles 46 y 47.
  3.  Losilla, C. (1997) Taxi Driver – Johnny Guitar. Ed. Libros dirigidos. Barcelona
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