Euphoria

La serie de culto de la generación Z Por Alicia Germán Díaz

¿Qué significa cuando la gente dice que una serie es diferente? ¿Verdaderamente es un parámetro que se pueda medir e incluir en una crítica razonable y objetiva? Probablemente no. Y, sin embargo, me vais a permitir el acto de rebeldía: Euphoria es una serie diferente. Su primera temporada llegó un buen 17 de junio a HBO España para revolvernos por dentro con su crudeza y abrumarnos con su vulnerabilidad, sin descuidar ni un solo detalle técnico por el camino. Está lejos de ser perfecta, pero nadie puede negar que la serie que ha parido Sam Levinson es fabulosa y rematadamente humana.

El showrunner ha volcado su experiencia personal en la protagonista, Rue, una chica de diecisiete años cuyo TOC y posible bipolaridad le han llevado a la drogadicción. Interpretada por la superestrella Zendaya (la cual ha descendido de los cielos de cartón piedra de Disney para hacerse con este caramelo de personaje), nos revela ya en el comienzo de la serie, al salir de un centro de desintoxicación, que no tienen ninguna intención de seguir sobria.

Es esta narradora muy poco fiable la que nos irá guiando con una tranquila voz en off por las líneas narrativas de los distintos personajes de la serie. Este recurso no es precisamente nuevo en series de adolescentes, pero cumple con eficiencia el objetivo de dar empaque a los ocho episodios y, sobre todo, nos introduce en la cabeza de Rue y nos ayuda a entender, aunque sea solo un poco, su relación con las drogas, algo esencial para que podamos empatizar con ella. También es cierto que este recurso a veces resulta poco realista y Levinson hasta se ríe de ello, afirmando en el tercer episodio que Rue adquiere poderes psíquicos cuando consume opiáceos y por eso puede relatar situaciones que no ha presenciado.

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Hunter Schafer interpreta a Jules y Zendaya a Rue

Bromas aparte, Levinson ha sido especialmente hábil a la hora de crear los personajes que conforman esta serie. Ha tomado a los sospechosos habituales de cualquier producto televisivo ubicado en un instituto americano y les ha dado un giro de 180 grados: el quarterback tiene tendencias psicópatas, su novia animadora no aprovecha su popularidad para menospreciar al resto de chicas, la chica gordita se empodera explorando su sexualidad y la chica con la que todos están maravillados es transgénero.

La naturalidad con la que se trata este tema en concreto es uno de los detalles que debemos celebrar de esta serie. Jules es transgénero sí, pero su hilo narrativo no se centra en ese aspecto, es más, la parte más estable y segura de Jules es el que sea transgénero. También debemos celebrar que se denuncie la masculinidad tóxica que marca nuestra sociedad heteropatriarcal y las relaciones abusivas a las que lleva, al igual que se muestre a un grupo de amigas que deja sus diferencias a un lado para aprender a apoyarse las unas a las otras, desembocando en el empoderamiento del grupo hacia el final de la temporada. Todo ello sin caer en la condescendencia ni en la exageración melodramática a la que estamos acostumbrados en series sobre adolescentes.

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 Alexa Demie interpreta a Maddy Pérez, que se encuentra en una relación tóxica con el quarterback Nate Jacobs, interpretado por Jacob Elordi.

Sin embargo, sí que se produce un cambio en el tono a nivel narrativo bastante llamativo a partir de la decisión de Rue de mantenerse sobria. Pasamos de dos primeros episodios con escenas bastante duras, que incluyen agresiones sexuales y violencia, a un final que bien podría haber pertenecido a Dawson Crece (Dawson’s Creek, Kevin Williamson, 1998-2003) o Everwood (Greg Berlanti, 2002-2006). Si no fuera por un pequeño detalle, el número musical final. De nuevo, una demostración del estilo Levinson: tomar un recurso típico como una melodramática despedida en una estación de tren y darle un giro radical haciendo que desemboque en un número musical que parece un híbrido entre el espectáculo del intermedio de un partido de fútbol americano y un número de Jesucristo superstar (Jesus Christ Superstar, Norman Jewison, 1973).

Una secuencia final en la que, una vez más, se demuestra el nivel de excelencia que han alcanzado Marcell Rév y su equipo en la fotografía de esta serie, aunque no se pueda apreciar aquí muy bien una de sus decisiones más acertadas: utilizar las paletas de colores y la iluminación para diferenciar eficazmente los dos mundos entre los que se mueven los personajes de Euphoria: su vida diaria en el instituto y en casa tienen una luz mayoritariamente natural por el día y un amarillo un tanto inquietante en los interiores de noche y la paleta de colores se mueve entre los tonos tierra y la clásica y estética combinación del cian con el amarillo o naranja oscuro.

Sin embargo, las escenas en las que la acción transcurre en un ambiente mínimamente festivo (ya sea una discoteca, una pista de patinaje o una feria), las luces de neón hacen su entrada. Cuanta más libertad tengan los personajes y el hedonismo y el desenfreno estén más presentes, más toma el control este tipo de iluminación, moviéndose en una paleta de rojos, rosas, azules y morados que bien podría recordar a la filmografía de Dario Argento o en su defecto, Nicolas Winding Refn.

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De hecho, se nos acostumbra tanto a esta combinación de colores, que cuando en el séptimo episodio Jules sale de fiesta en otra ciudad y su entrada en la discoteca se ve iluminada por un verde neón alternado con el azul nos resulta extraño y casi nos produce rechazo. Es la manera que tienen de reflejar la exploración de Jules de un mundo nuevo con personas distintas, las cuales pueden alejarla de sus problemas, pero también de Rue.

En esa entrada a la discoteca se aprecia también como con la toma de estupefacientes, la cámara da un giro de 180 grados y Jules acaba caminando boca abajo acompañada de sus nuevas amigas, lo cual nos lleva directamente a la increíble Clímax (Gaspar Noé, 2018), pero también muestra la voluntad de Rév y Levinson de alejarse de los recursos típicos a la hora de mover la cámara y ser más sofisticados e innovadores: en Euphoria la cámara se utiliza como una extensión de las emociones de los personajes. Por ejemplo, Rue siente que su mundo está patas arriba por culpa de Jules, así que esta no entra en escena sin más, sino que entra boca abajo.

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Es por eso que la mayor parte del metraje, tenemos la sensación de que estamos inmersos en un mundo de ensueño, con la cámara realizando movimientos que no son tan habituales en series de televisión: girando alrededor de los actores, flotando sobre un personaje en concreto en un plano cenital y descendiendo poco a poco a un primer plano para entrar en su hilo narrativo, o acercándose a toda velocidad desde el otro lado de la habitación, expresando la distancia emocional a la que están los personajes en la escena, en contraposición a su distancia física.

Es más, las emociones de los personajes y la necesidad de que el espectador empatice con ellos se han priorizado tanto en esta serie que hasta dirigen la manera en la que se visten y se maquillan. Lo cual, por otra parte, encaja con la forma de ser de la generación Z, la cual se caracteriza por ser mucho más atrevida con sus elecciones estéticas, utilizándolas para expresar su estado de ánimo en ese momento o la identidad con la que quieren presentarse al mundo esa noche de fiesta. Como consecuencia, esto ha dado alas a la directora de maquillaje Doniella Davy y a la encargada de vestuario Heidi Bivens para jugar con ideas chic y atrevidas que ya han traspasado las fronteras de la ficción y han pasado a ser tendencia 1 en el mundo real.

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 Look de Maddy e inspiración en Nina Simone y ‘Showgirls’. Foto: Twitter @AlexaDemie.

Sin duda, en este aspecto hay que destacar los looks de dos personajes: Maddy y Jules. Los outfits de Maddy se inspiran en su mayoría en los 90, pero su maquillaje parte de inspiraciones tan distintas como Nina Simone o la película Showgirls (Paul Verhoeven, 1995). Por otra parte, probablemente el armario de Jules sea el que más se ha mimado de toda la serie, ya que es una parte esencial del personaje, por su deseo de llegar a ser diseñadora de moda y por su misión personal de conquistar la feminidad. Así, Jules nos ha dado outfits y looks que quedarán para el recuerdo, en su mayoría extremadamente chic y con un toque casi futurístico, y probablemente tengan gran parte de culpa de que Euphoria se convierta en una serie de culto para muchos.

Especial mención tanto en vestuario, como en ambientación, como en montaje requiere la secuencia inicial del séptimo episodio, con ese homenaje a las películas de detectives que probablemente Levinson creció adorando. Una verdadera delicia para cualquier cinéfilo. Rév y Levinson se divierten jugando con la composición de los planos y la disposición de los actores en el encuadre, los travellings y, sobre todo, el toma y daca entre Rue y Lexi.

Y ya que hablamos de referencias, ya decía al principio que Euphoria no era perfecta. Lo que me chirría en algunos productos audiovisuales sobre adolescentes como este es que sus protagonistas tengan una cultura audiovisual increíblemente rica para no llegar ni a los 18 años: disfrazándose de Marlene Dietrich para Halloween, haciendo referencias a Casino (Martin Scorsese, 1995) o enumerando cada uno de los criminales que pasaron por The Wire (David Simon, 2002-2008). Como divertimento meta para los espectadores de la generación del showrunner está bien, pero en la atmósfera de la serie resulta cuando menos poco creíble.

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 Foto de la cuenta oficial de Instagram @euphoria

Sin embargo, si hay algo que no chirría en Euphoria es su score y su banda sonora. De la segunda tenemos que dar el crédito a Jen Malone 2, que ha sido también supervisora musical de otras grandes series como Atlanta (Donald Glover, 2016-) o Baskets (Louis C.K., Zach Galifianakis, Jonathan Krisel, 2016-2019). Aunque destaque el hip-hop, Malone juega con los géneros con una facilidad pasmosa y nos da pequeñas pinceladas aquí y allá de trap, pop, soul e incluso kpop y reguetón. El mérito de Malone no solo radica en encontrar la canción que se adapte al ambiente de la escena o las emociones del personaje en ese momento, sino que no cae en lo obvio y escarba y encuentra joyas que demuestran su veteranía en la supervisión musical.

Y si hay mezcla de géneros en la banda sonora, la score no iba a ser menos: gospel, trip hop, música clásica, electrónica y algunos elementos de rock setentero se introducen en una score que muchas veces sirve como única ventana a la psique de los personajes, particularmente en esos montajes a cámara lenta que a Levinson tanto le gustan. Es la primera vez que el artista inglés Labrinth crea una score, pero el resultado ha sido más que satisfactorio.

Esa mezcla de géneros ya estaba presente en su música y al introducirla en la serie, permite dar grandiosidad a ciertos momentos y un toque íntimo a otros. Me llama la atención particularmente la dualidad en el uso de los coros: en ciertas ocasiones, Labrinth deja que cobren protagonismo para sumirnos en la atmósfera de una tragedia griega y en otras, deja que ataquen en notas cortas, funcionando como una especie de alarma que recalca la violencia de los actos que están a punto de suceder o están sucediendo en ese momento.

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Definitivamente, la score de Labrinth es la última pieza que faltaba para dar forma a Euphoria. Una serie diferente al resto porque realiza un comentario con la mente serena y el corazón en la mano sobre los problemas más graves de nuestra sociedad y que se acucian en la adolescencia. Así, Levinson no solo ha conseguido transmitir su experiencia personal con la drogadicción, la ansiedad y la depresión, rompiendo los tabúes que rondan a la representación de este tipo de trastornos mentales en la televisión, y no solo ha creado un producto audiovisual que probablemente pase a ser una serie de culto en pocos años, sino que, además ha mandado un mensaje de suma importancia a la juventud: “respétate y quiérete a ti mismo lo suficiente como para pedir ayuda cuando lo necesites”. Es ese mensaje lo que hace que Euphoria sea diferente al resto y, si me permitís el atrevimiento, más importante que el resto.

TRAILER:

  1.  WEINBERG, Lindsay (2019): “How ‘Euphoria’ Is Influencing Beauty Trends and Red Carpet Makeup”, en The Hollywood Reporter. Consulta: 20.09.2009: https://www.hollywoodreporter.com/news/how-euphoria-is-influencing-beauty-industry-red-carpet-makeup-1237142
  2.  MAICKI, Salvatore (2019) “How Euphoria’s music supervisor Jen Malone soundtracks the show’s adolescent hedonism”, en The Fader. Consulta: 21.09.2009: https://www.thefader.com/2019/07/08/euphoria-music-supervisor-jen-malone-interview-hbo-zendaya
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