Birdman

De ilusionistas y perdedores Por Arantxa Acosta

…Hang me, oh, hang me, I’ll be dead and gone.
Hang me, oh, hang me, I’ll be dead and gone.
I wouldn’t mind the hanging but the laying in the grave so long Poor boy, I’ve been all around this world…
A propósito de Llewyn Davis (Inside Llewyn Davis, Joel&Ethan Coen, 2013)

«Celebridad, no actor». Esta es la lapidaria sentencia que la crítica teatral espeta a Riggan Thompson, justificando así la que ya prevé será opinión negativa de la obra de teatro que éste está preparando. Una frase que resume la esencia de lo que Iñárritu quiere mostrarnos: las consecuencias que el miedo al fracaso, a no dejar ninguna huella, provoca en nuestro interior, y por ende hacia los de nuestro entorno, por creernos las opiniones de los demás.

No podemos escapar. Cual vuelo de mariposa, observándolo todo sin ser vista, Iñárritu mueve la cámara con falsa continuidad en Birdman durante todo el metraje, todo – a excepción exclusivamente de los últimos minutos – para que sigamos, ensimismados, a Thompson, actor principal y director de la obra que en pocas horas se estrenará por todo lo alto en las horas Broadway. Celebridad sabedora que su experiencia en el cine dando vida a un superhéroe y popularidad no le garantizarán el éxito. Así que, al igual que el Llewyn Davis de los hermanos Coen, luchará para ser reconocido… pero hará también todo lo posible para evitarlo, aunque sea inconscientemente.

Comenzamos en el camerino del actor, justo antes de iniciar el ensayo de su escena. Iñárritu jugará con la voz en off tanto de Thompson como de su alter ego, Birdman, para presentar las divagaciones mentales del protagonista. Una vez salimos, conoceremos al productor/abogado, a la hija, al resto de actores… Nos moveremos por el escenario, las bambalinas, incluso nos invitarán a seguir reflexionando en el tejado del edificio, o en el interior de un bar. No seguiremos siempre a Thompson, algunas veces el director nos dejará conocer de cerca la evolución de alguna otra historia también interesante, como la de su hija con el nuevo actor secundario…

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Una película de este estilo debe sustentarse en tres pilares básicos. El primero, el ritmo. El recurso de la cámara en continua filmación es impactante, pero no eterno. Es decir, que nos es necesario que la historia avance con una velocidad incluso más elevada de lo normal para no caer en el aburrimiento (o mareo). Que no haya bajones, vamos. Este pilar, salvo en contadas ocasiones y sobre todo porque Iñárritu se empeña en incluir (innecesariamente) más de dos, y de tres, falsos finales, se consigue sobremanera.

El segundo pilar, íntimamente relacionado con el primero, es el guión. El guión debe ser tan inteligente como el recurso utilizado (y, escribiendo estas líneas, se me viene a la cabeza el ejemplo de Gravity – Alfonso Cuarón, 2013). Debe sorprender, y dada la naturaleza del formato en la filmación, debe basarse en frases más bien cortas. Diálogos y reflexiones rápidas, frases que desafíen el ingenio del contrincante, si es que éste existe (y si no, tenemos a Birdman). ¿Y qué encontramos en el film?

Iñárritu decide que la obra teatral seleccionada por Thomspon esté completamente relacionada con el desasogiego interno del protagonista del film: qué es el amor, quién soy yo, por qué estoy aquí. De esta forma, repetirá el ensayo de una misma escena en varias ocasiones, pudiendo demostrarnos que tenemos segundas oportunidades, que podemos dejar de cometer los mismos errores aunque el punto de partida sea el mismo, o incluso peor. Al fin y al cabo, la vida es puro teatro. Desde esta premisa, se nutre el guión de personajes que, aunque no lo parezca a simple vista, se han creado para que apoyen en todo momento al principal, también como en la obra de teatro. La hija, la mujer, el irreverente nuevo actor contratado, incluso el de mantenimiento.

Más sobre el guión: el gran acierto de incluir referencias coetáneas. Si se habla del mundo del espectáculo es imposible no crear gags que apunten, con exquisita sorna, a otros actores o profesionales de la industria cinematográfica o del teatro. Además, no sólo Iñárritu quiere demostrarnos que todos somos superhéroes, sino que se reirá de las superproducciones de los últimos años (Fassbender no puede ser el actor sustituto porque está con X – Men; el resto de candidatos están con Los Vengadores…), además de incluir una excelente puya hacia nosotros, espectadores: «lo que la gente quiere no es filosofía, es acción, blockbusters».
Por tanto,  en Birdman nos encontramos ante un guión que no deja títere con cabeza, como debe ser para que nos la tomásemos en serio.
Segundo pilar, también, en perfecto estado.

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Por último, el tercer pilar: actores que estén a la altura de la propuesta, y que estén dispuestos a reírse de sí mismos si es necesario. Y, en este sentido, sin obviar el excelente trabajo de Emma Stone y Zach Galifianakis o la siempre correcta Naomi Watts, Edward Norton y Michael Keaton son insuperables. En primer lugar, porque sabemos que los dos han debido aportar buena parte de material autobiográfico para enfrentarse a sus personajes en Birdman. Norton es bien conocido por ser problemático en las producciones, y Keaton, bueno, todos sabemos que se le aplica más que bien la frase de la crítica teatral que reproducíamos al inicio. Los dos o tres duelos interpretativos que ficcionan para la película se convierten también en duelos reales de los que Norton, obviamente, y tal y como ocurre en la ficción, siempre sale victorioso. Sin duda estas son las escenas más poderosas del film, que arrancaron aplausos de emoción en el pase para la crítica al que asistimos.

Dicho esto, el tercer pilar, por supuesto, también lo tenemos. De esta forma, lo único que queda por decir es que Iñárritu ha vuelto por la puerta grande, y es que, personalmente, le echaba de menos desde 2006, con Babel. Que alargue un poco el metraje, o que el efecto de la cámara acabe por hacernos sentir la irritante sensación de que nos están obligando a seguir un camino e historia concreta, en lugar de dejarnos quedarnos a saber más de otra es, la verdad, lo de menos.

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