Daredevil: Born Again T1

El heroísmo es inevitable Por Yago Paris

I. Alineaciones políticas

Hablar del presente en el que han sido creadas es uno de los principales valores de las producciones comerciales. 1 No obstante, estas creaciones pueden hacerlo de manera fortuita, como si se tratase de gozosas casualidades, inesperados alineamientos. Esta circunstancia se ha producido recientemente en dos producciones de Marvel. En Capitán América: Brave New World (Captain America: Brave New World, Julius Onah, 2025) se quiso leer la llegada de un presidente con ramalazos despóticos y que acaba convertido en un monstruo rojo como una reflexión sobre la llegada al poder de Donald Trump –apodado despectivamente por algunos sectores de la sociedad como «The Mango Mussolini»– en su segundo mandato, que se había producido apenas unos meses antes del estreno de esta cinta. Sin embargo, el filme comenzó su producción nada menos que en 2021, por lo que leerla en estas claves está más cerca del wishful thinking que de una argumentación basada en datos. Algo similar se puede exponer en el caso de Daredevil: Born Again (Dario Scardapane, Matt Corman, Chris Ord, 2025), la serie estrenada en Disney+ algo menos de un mes después de la llegada a los cines del largometraje anteriormente citado. En este caso se cuenta con Wilson Fisk/Kingpin (Vincent D’Onofrio), uno de los delincuentes más peligrosos de Nueva York, quien decide dar un cambio de rumbo, pasando de turbio empresario a respetable alcalde de la ciudad. Esta circunstancia también permitía interpretar la obra como una analogía del tránsito de Donald Trump de los negocios a la política. Esta producción comenzó a gestarse en 2022, por lo que tampoco sería razonable asociarla al segundo mandato del actual presidente de Estados Unidos. 

No obstante, ambas obras sí pueden leerse como herederas del estado en el que ha quedado la política estadounidense tras el primer mandato de Trump, legislatura a la que sí se podrían asociar. En ellas se hace patente una voluntad de reflexionar sobre los límites del poder, algo que se manifiesta con especial fulgor en el caso de la serie de televisión, que explora abiertamente temas como el populismo, la posverdad, las concomitancias y conflictos de intereses entre el poder y los negocios, el uso de las redes sociales como plataforma de difusión de discursos simples y contundentes, o la polarización en las calles fruto de una sociedad dividida y encendida, entre otros temas. De esta manera, leer Daredevil: Born Again como una reflexión sobre el segundo mandato de Donald Trump sería harto arriesgado, pero no así sobre el recrudecimiento sociopolítico que se ha producido tras el trasvase del magnate al mundo de la política. En cualquier caso, estas reflexiones se sitúan como un telón de fondo ante el que se desarrolla una serie de tramas directamente relacionadas con las ideas recurrentes del género de superhéroes. Como sucede habitualmente en el cine comercial, el reflejo del presente es más implícito que explícito, y lo que se retrata tiene más que ver con las sensaciones que con los hechos, es decir, con las consecuencias que con las causas. 

Fotograma de "Daredevil: Born Again" Temporada 1

II. Abrazar la naturaleza del ser

Uno de los temas cruciales de Daredevil: Born Again se centra en la naturaleza del ser. La historia vuelve a colocar a Matt Murdock/Daredevil (Charlie Cox) frente a frente con Wilson Fisk/Kingpin, como ya se había narrado en las tres temporadas de la serie Daredevil (Drew Goddard, 2015-2018), producida por Netflix pero recientemente incluida dentro del canon del Universo Cinematográfico de Marvel (UCM). En esta ocasión, la clave dramática reside en que ambos personajes tratan de dejar de lado sus identidades públicas –las relacionadas con el ámbito de lo superheroico– para centrarse en sus identidades privadas, las del día a día, las que los equiparan al resto de mortales. Esto se refleja en una escena de Heaven’s Half Hour (Justin Benson, Aaron Moorhead, 2025), el episodio piloto, que emula el fragmento más célebre de Heat (Michael Mann, 1995), aquel donde los dos protagonistas, cada uno a un lado de la ley, se reúnen en una cafetería para confrontar sus diferencias, mostrando así el respeto que se tienen mutuamente. Al mismo tiempo, la escena sirve tanto para que los personajes reconozcan que se ven reflejados el uno en el otro, como para que la narración manifieste que ambos están por encima del resto de la sociedad. Esto mismo sucede en la serie, donde ambos personajes sientan las bases de un acuerdo verbal: cada parte se mantendrá alejada de los asuntos de la otra. Así, Murdock no se inmiscuirá en los asuntos de Fisk, ya que este ha prometido dejar la delincuencia, mientras que Fisk no intentará asesinar a Murdock, pues este ha dejado de lado su identidad de justiciero. No obstante, el capítulo, filmado con solvencia por Justin Benson y Aaron Moorhead, habituales de la Marvel televisiva, utiliza sus formas para anticipar que este acuerdo no será respetado por ninguna de las partes, pues hacerlo implicaría ir en contra de sus respectivas naturalezas. En este sentido, incluso podría argumentarse que también iría en contra de sus respectivas identidades, pues ambos se necesitan para completarse: Daredevil y Fisk, los mejores en lo suyo, necesitan un rival a su altura para sentirse realizados. 

Fotogramas de Heat (Michael Mann, 1995) y Daredevil: Born Again T1

A la izquierda, Heat (Michael Mann, 1995); a la derecha, Heaven’s Half Hour (Justin Benson, Aaron Moorhead, 2025)

La narración propone, por tanto, un alejamiento de sus respectivas motivaciones innatas, lo que da lugar a una disonancia cognitiva entre lo que se cree y lo que se hace, que provoca una intensa tensión interna en los personajes, especialmente en el caso de Murdock. Lo que lleva a este a dejar de ser Daredevil tiene lugar en la primera secuencia del episodio piloto, cuando el asesinato de su mejor amigo y compañero de trabajo, Franklin «Foggy» Nelson (Elden Henson), quiebra todas las certezas del protagonista. Esto se debe a varios motivos. Por un lado, no ha sido capaz de proteger a su amigo, ni siquiera estando presente en el momento del ataque. Por otro lado, cruza una línea autoimpuesta, crucial para el personaje: nunca matar a nadie. El protagonista está peleando con el asesino de Nelson, Benjamin Pointdexter/Bullseye (Wilson Bethel), en la azotea de un edificio, tratando de detenerlo. Cuando Daredevil experimenta, gracias a sus sentidos aumentados, el último latido del corazón de su amigo, todas sus certezas y convicciones se vienen abajo de un fogonazo, lo que lo arrastra a cruzar la línea de valores que sostenía sus certezas. Como sucede en el final de Se7en (David Fincher, 1995), cuando Mills recibe en su mente el fogonazo de un recuerdo de su mujer tras ser consciente de la barbarie que ha tenido lugar, Murdock recibe el último latido de su amigo como la aniquilación de todo por lo que luchaba. En ambos casos, el resultado consiste en acabar con la persona que ha echado por tierra el frágil castillo de valores que habían construido a base de tesón en un mundo propio del noir: podrido, inmisericorde y potenciador de conductas nihilista. Por último, en uno de los resortes dramáticos más habituales del género superheroico, Murdock siente que Nelson ha sufrido tan aciago destino por ser amigo de un justiciero; es decir, la forma en que los villanos pueden herir a sus rivales heroicos es atacando a sus seres queridos. La consecuencia de este evento es que Murdock cuelga el traje superheroico y se olvida de esa faceta de su vida, centrándose exclusivamente en hacer el bien a través de su identidad privada, la de abogado con conciencia social. Detrás de esta renuncia se esconde un trauma no gestionado, con el que el personaje se relaciona a través de la evitación, tratando de seguir adelante sin pagar el peaje de procesar sus emociones. La consecuencia inevitable es una turbulencia emocional, que se manifiesta por momentos y explota en estallidos incontrolables de violencia a lo largo de la serie. En este sentido, cobra especial fuerza que su nuevo interés romántico sea Heather Glenn (Margarita Levieva), nada menos que una psicóloga, quien lo fuerza a confrontar la realidad y su perpetuo estado de negación.

Instante de "Se7en" (David Fincher, 1995)

La pérdida de las certezas en Seven (Se7en, David Fincher, 1995)

El otro lado de la moneda lo compone Wilson Fisk, un personaje que se ha prometido dejar la delincuencia y ejercer como alcalde de manera honesta, siguiendo las reglas del juego. Sin embargo, desde el mismo piloto, las imágenes de Benson y Moorhead ya anticipan que nada de esto sucederá, como se muestra en una serie de planos donde el reflejo invertido del personaje lo representa como un falso santo, una falsa esperanza, en un recurso formal similar en intenciones al retrato invertido de la Estatua de la Libertad en The Brutalist (Brady Corbett, 2024). Una serie de situaciones pondrá contra las cuerdas el temperamento de Fisk, quien solventa los contratiempos con violencia y no está acostumbrado a que le nieguen lo que desea. Sin embargo, la diferencia reside en la convicción con que este desea apartarse del mal, algo que quizás tiene más que ver con la fachada que con la creencia. Para Fisk, el poder político es un nuevo instrumento con el que hacer negocios. De esta manera, las leyes que impulsa tienen un impacto directo sobre sus intereses como empresario, lo que permite un alineamiento perfecto con su compañera sentimental, Vanessa Fisk (Ayelet Zurer), quien se encargó de los negocios durante la ausencia de Fisk, tras lo narrado entre el final de Ojo de Halcón (Hawkeye, Jonathan Igla, 2021) y lo que sucede en Echo (Marion Dayre, 2024). Si bien al principio existen tensiones en el seno de la pareja, fruto de la desaparición de Wilson y la infidelidad de Vanessa, la serie evoluciona hacia el acercamiento de ambos personajes, que culmina en una perfecta colaboración a ambos lados de la ley, con Wilson como alcalde y Vanessa como líder de las bandas mafiosas de la ciudad. 

Fotogramas de The Brutalist (Brady Corbett, 2024) y Daredevil: Born Again T1 (2025)

A la izquierda, The Brutalist (Brady Corbett, 2024); a la derecha, Heaven’s Half Hour (Justin Benson, Aaron Moorhead, 2025)

En un sentido opuesto evoluciona la relación amorosa entre Matt y Heather. De un inicio romántico se evoluciona hacia la distancia emocional, provocada por el secreto inconfesable del protagonista, quien rehuye hacer partícipe a Heather de su doble identidad, y parte de esta decisión se fundamenta en la visión reacia de Heather hacia la idea del justiciero. Desde una perspectiva psicologicista, el personaje entiende a estas personas como impostoras que utilizan la idea del vigilantismo como coartada para desatar sus instintos primarios de destrucción y justificar su desequilibrio emocional, que lleva años investigando como parte de su profesión. Esta visión en realidad describe, al menos parcialmente, la situación de Matt Murdock, un personaje desequilibrado a lo largo de toda la serie por la muerte de su amigo, y que nunca ha sido el más estable de los superhéroes de Marvel, como ya se narraba en las tres temporadas del personaje producidas por Netflix. La reaparición de la antigua pareja de Matt, Karen Page (Deborah Ann Woll), termina de desequilibrar el vínculo amoroso entre ambos personajes, que acaba por romperse. 

Para entender las distintas evoluciones que experimentan Wilson y Matt, resulta imprescindible tener en cuenta las formas opuestas con que cada personaje se relaciona con su alter ego: mientras Fisk vive cómodo con la idea de Kingpin y toda su brutalidad, Murdock se niega a aceptar los instintos vengativos y destructivos de Daredevil, que lo llevan a plantearse hasta qué punto son diferentes, como se ejemplifica en la mentada escena del diner. La interacción de Murdock con Frank Castle/El Castigador (The Punisher) (John Bernthal) es crucial para provocar la crisis de identidad del protagonista, pues solo este puede leer en profundidad el conflicto que corroe al superhéroe, ya que él mismo se ha enfrentado al mismo dilema, con la diferencia de que, al igual que Fisk, no ha tenido problema en aceptar su naturaleza, en este caso antiheroica. Castle permite que su dolor y su resentimiento dominen su comportamiento y, aunque no lo llevan a la villanía, tampoco le permiten comportarse de manera heroica, pues entre sus muchas acciones está el asesinato de quienes considera que han hecho el mal. Murdock se mueve en la fina línea entre el heroísmo problemático y el antiheroísmo, y es esa contención de sus instintos lo que amenaza con destruir su cordura. Sin embargo, el enfrentamiento cara a cara con Castle es el catalizador para que el protagonista deje de engañarse a sí mismo y, curiosamente, permite que se relacione con su identidad superheroica desde una aceptación de su lado oscuro que no implica la entrega, sino un mejor manejo. Como resultado, Daredevil renace, lo que permite que Murdock vuelva a sentirse vivo, pleno, como se refleja en la reaparición tanto de su vitalidad como de su fogosidad sexual. Es en esta clave donde tendría sentido la asociación que se establece entre la serie y el Born Again del arco argumental escrito por Frank Miller y dibujado por David Mazzucchelli, publicado en 1986. El hecho de que la muerte de Nelson haya sido ordenada por el clan Fisk, y que esta acción suponga la caída a los infiernos de Murdock, quien se ve al borde de perderlo todo, son las principales similitudes de una adaptación que, como viene siendo habitual en Marvel, en realidad poco tiene que ver con el original, con especial mención en este caso a la rebaja sustancial en oscuridad de las narraciones. 

Daredevil: Born Again (Frank Miller, David Mazzuchelli, 1986) y Daredevil: Born Again T1 (2025)

A la izquierda, Daredevil: Born Again (Frank Miller, David Mazzucchelli, 1986); a la derecha, Heaven’s Half Hour (Justin Benson, Aaron Moorhead, 2025)

III. El dilema de los justicieros

A pesar de que Daredevil sea, de manera objetiva, un superhéroe –el personaje presenta capacidades aumentadas que lo convierten en sobrehumano y que utiliza para combatir el mal–, el personaje está más cerca de la idea del justiciero, tanto por sus acciones como por el ámbito de acción de sus narraciones, habitualmente limitadas a patrullar las calles de Nueva York y pararles los pies a delincuentes callejeros. Este desarrollo, más a ras de suelo, permite la integración de elementos diferenciales frente al grueso del UCM, que ha tendido a asentarse en el terreno del cine fantástico. Así, Daredevil: Born Again le sigue la pista a otras creaciones como las citadas Ojo de Halcón o Echo –especialmente esta última–, narraciones urbanas que dan lugar a batallas de corte más físico, donde las coreografías de lucha cobran mayor relevancia y donde se permite la introducción de una violencia más descarnada. La Daredevil de Netflix ya hacía apología de este tipo de batallas, lo que la convirtió en una serie notable por su violencia explícita. Tan lejos no se llega en ninguna de las series de Marvel, pero resulta evidente que las dosis de sangre y los planos de violencia explícita aumentan en esta obra, que, hasta la fecha, es la más violenta del UCM.

Fotograma de Daredevil: Born Again T1 (2025)

Daredevil: Born Again es, por tanto, una serie que se esfuerza por adherirse a las narrativas urbanas, donde la presencia de la ciudad, sus calles y sus habitantes resulta crucial para comprender el espíritu de la producción. Más allá de sus resultados finales, se hace patente que la obra poco tiene que ver con el espíritu habitual de Marvel, cuyas escenas transcurren en no-lugares incluso cuando se acotan explícitamente a ciudades o países reales, y donde la población apenas importa a fines narrativos. Estas intenciones se manifiestan de manera más explícita en los insertos de entrevistas a pie de calle a ciudadanos anónimos que realiza la joven periodista BB Urich (Genneya Walton). Estos fragmentos permiten que el público se acerque a la realidad de la Nueva York ficticia, que recuerda ostensiblemente a la sociedad estadounidense actual, donde reina la desconfianza en las instituciones, la polarización ideológica y un clima de desasosiego y virulencia, como si de una olla a presión a punto de explotar se tratase. Estos instantes son los que más permiten asociar la obra a su presente, algo habitualmente ausente en las producciones de Marvel, lo que a su vez posibilita entender la evolución de la trama política en torno a la elección de Wilson Fisk como alcalde y las reacciones ante sus decisiones una vez ha tomado posesión del cargo. La serie aprovecha esta circunstancia para retratar las nuevas políticas del populismo, principalmente de ultraderecha, fundamentadas en un certero y pernicioso uso de las redes sociales a través de discursos contundentes, simplistas y basados en una emocionalidad desatada, alejada del raciocinio y los datos, como se refleja en el conflicto entre los dos asesores de Wilson Fisk, la tradicional Sheila Rivera (Zabryna Guevara) frente al moderno Daniel Blake (Michael Gandolfini), lo que permite retratar un estado de desasosiego que aumenta la desconfianza hacia el poder.

En un clima de desconfianza y agresividad, la sociedad parece pedir un cambio, y se sugiere que los justicieros podrían ser el futuro, frente a la obsoleta policía. «We get sued, and they get cheered» («Nosotros recibimos demandas, y ellos reciben aplausos»), protesta un policía en la escena inicial del episodio piloto. Pero esta lógica permea la propia política de Fisk, quien aboga por un proceso de transformación de la policía en un cuerpo de justicieros al estilo de Frank Castle –no en balde, los policías problemáticos del cuerpo han adoptado al antihéroe como su ídolo, hasta el punto de haber creado una asociación secreta que lo venera y se apropia del símbolo de la calavera del personaje–. Esta decisión política ha podido anticipar perturbadores movimientos en el mundo real, tales como la creación de la brutal agencia federal ICE, establecida por Donald Trump durante este segundo mandato. Fisk promueve un clima de tensión para posteriormente aprobar leyes que conviertan la ciudad en un Estado policial, a partir del cual gobernar a sus anchas, eliminando a su posible competencia, los justicieros. De esta manera, la serie propone un debate en torno a los claroscuros del vigilantismo, tratando de dilucidar el límite entre lo moralmente aceptable y lo abyecto. Se trata de una reflexión un tanto apolillada a estas alturas del género superheroico, que alcanza sus mayores cotas de irrelevancia en todo lo relacionado con Bastian Cooper/Muse (Hunter Doohan), mera herramienta argumental para movilizar a Murdock a la acción y terminar de cimentar las convicciones de Heather en contra de los vigilantes. 

Fotograma de Daredevil: Born Again T1 (2025)

IV. Desajustes de reshoot

Daredevil: Born Again entró en desarrollo ya a principios de 2022. Inicialmente, los encargados de desarrollar el proyecto iban a ser Matt Corman y Chris Ord, con David Boyd, Michael Cuesta y Jeffrey Nachmanoff como directores. La serie estaría formada por dieciocho episodios dentro de una arquitectura de procedimental jurídico, es decir, con pequeñas tramas autoconclusivas –los diferentes casos del bufete de abogados– y una repetición de estructuras narrativas. Sin embargo, en septiembre de 2023 se decidió pausar el proyecto para darle un nuevo enfoque, lo que implicó relegar de sus funciones a los citados guionistas y contratar a otros como showrunners. Lo mismo sucedió con los directores. La tarea de reformular la serie recayó en Dario Scardapane, quien pasó a trabajar con el dúo creativo formado por Justin Benson y Aaron Moorhead, una pareja de autores que había dejado buenas impresiones en Marvel en las series Loki (Michael Waldron, 2021-2023) y Caballero Luna (Moon Knight, Jeremy Slater, 2022). El objetivo del cambio de rumbo era aportarle un tono más oscuro a la serie, cercano al de la versión de Netflix, con la que se buscó estrechar los lazos narrativos, así como encajarla de manera más explícita en la historia del UCM. Desde el punto de vista de la estructura, se optó por prescindir de la lógica del procedimental jurídico, buscando que los capítulos siguieran la lógica de la serialización de una gran narrativa que ocupase los dieciocho episodios, que a su vez fueron divididos en dos temporadas. La primera cuenta con nueve episodios, tres de los cuales vienen firmados por Benson y Moorhead –los episodios uno, ocho y nueve–; para el resto se mantuvo la autoría de los directores anteriores, aunque, como han confirmado los propios cineastas, hubo que intervenirlos mediante cambios en el montaje y adición de gran cantidad de reshoots, para adaptarlos a la reformulación de la serie 2. Collider. https://collider.com/daredevil-born-again-changes-darker-more-connection-to-original-series-reshoots/]. Estas modificaciones atienden a los objetivos planteados previamente, relacionados con una mejor adecuación al UCM y a las nuevas directrices narrativas y tonales de la producción.

Los cambios constantes en la producción son una seña de identidad de Marvel. Como ya se comentó en el texto dedicado a Capitán América: Brave New World, esto comenzó como una forma de libertad creativa, para que Jon Favreau y Robert Downey Jr. desarrollaran el guion de Iron Man (Jon Favreau, 2008), pero, con el tiempo, se convirtió en una forma de coartar, desde la producción, la capacidad de acción de los cineastas: todo proyecto está en constante reformulación, porque en todo momento se puede cambiar algo que no guste, o introducir nuevas ideas que se crea que pueden funcionar de cara a atraer a un mayor público. Con el paso de las décadas y el aumento de las líneas de producción en paralelo –especialmente a raíz de la aprobación del desarrollo de series de televisión en Disney+,1– este modelo añadió una capa más de motivación: la intervención como una suerte de improvisación constante, fruto de las prisas y la necesidad de encajar todas las ficciones en la gran narrativa que es el universo cinematográfico de Marvel 3. Como cabe esperar, desde el punto de vista de la ficción nada de esto huele bien, y lo cierto es que, si bien funcionó bien en la obra fundacional del universo, lo normal cuando se trabaja de esta manera es que las producciones acaben pareciéndose más a la última entrega del superhéroe del escudo –se podría argumentar que la obra más desastrosa hasta la fecha– que a la primera entrega del dandy con armadura de hierro. 

En el caso de Daredevil: Born Again, estos desbarajustes se manifiestan de manera evidente de unos a otros episodios. No resulta casual que las entregas más notables de la temporada sean las de Benson y Moorhead, que la abren para darle forma y la cierran para completar el arco narrativo. Esto no solo es así porque probablemente sean las mentes creativas más talentosas del proyecto, sino porque la decisión final de producción fue la de apostar por la visión creativa de este dúo de autores, de ahí que esta haya tenido preeminencia a lo largo de la temporada. Esta circunstancia contrasta con otros capítulos del grueso del metraje, donde se intuye la naturaleza procedimental del origen, como es el caso de la trama del indigente que es detenido por robar una caja de cereales, que sirve para poner de manifiesto cómo el sistema falla a la hora de hacer verdadera justicia, cuando personas que infringen la ley principalmente por necesidad son arrestadas mientras los mayores delincuentes de la ciudad no solo salen impunes, sino que directamente la dirigen, a ambos lados de la ley. Especial mención requiere With Interest (Jeffrey Nachmanoff, 2025) el quinto capítulo. En este se narra el atraco a un banco en cuyas instalaciones se encuentra Murdock cuando ocurre el suceso, y que debe solventar desde dentro sin levantar sospechas de que se trata de un justiciero encapuchado. Esta situación permite poner en contacto al superhéroe con Yusuf Khan (Mohan Kapur), el padre de Kamala Khan, la protagonista de otra serie del universo, Ms. Marvel (Bisha K. Ali, 2022). La referencia explícita a su hija y sus condiciones superheroicas permite conectar esta parte del universo con otra similar, también a ras de suelo, más a nivel de protección del vecindario que de intervenciones a escala planetaria, lo que permite augurar posibles reuniones futuras entre este tipo de personajes. Marvel y su eterna necesidad de hacer referencia a sí misma se manifiesta con especial estruendo en este episodio, que se puede percibir más como una interrupción que como un aporte al relato global de la temporada. 

Fotograma de Daredevil: Born Again T1 (2025)

Aun con todo, puede argumentarse que Daredevil: Born Again es una de las apuestas más estimulantes de la división televisiva del UCM, aunque solo sea a fogonazos, por momentos. No es que el listón esté especialmente alto: la obra se mueve en un terreno donde ha habido fiascos como los de Agatha, ¿quién si no? (Agatha All Along, Jac Schaeffer, 2023), otra obra donde se establece una lucha entre lo procedimental y el desarrollo narrativo seriado, o sobre todo Invasión secreta (Secret Invasion, Kyle Bradstreet, 2023), la homóloga de Capitán América: Brave New World en la pequeña pantalla, y quizás el mayor destrozo por reescritura y reshoot de todo el UCM. A esta primera temporada de Daredevil le pesan más las costuras que los aciertos, algo que quizás se haya resuelto en la segunda temporada, a tenor del momento en que se produjeron los cambios de producción que desviaron la esencia del proyecto hacia otra dirección. Pero, en el reino de Kevin Feige, ninguna producción se encuentra a salvo de posibles nuevos reshoots. Solo el tiempo dirá en qué queda esta intentona de rescatar al personaje inicialmente desarrollado por Netflix, pero, tras esta primera temporada, parece evidente que la plataforma de Ted Sarandos hizo un mejor trabajo de adaptación y desarrollo del personaje. Mientras Marvel se siga pegando tiros en el pie, nada debería hacernos pensar que algo va a cambiar en futuras producciones. 

  1. Quart, L., & Auster, A. (2018). American Film and Society Since 1945. Bloomsbury Publishing USA ↩
  2. O’Rourke, R., & Weintraub, S. (2025, February 27). “Daredevil: Born Again” Producers Reveal How Much of the Series Was Overhauled in the Rework [Exclusive ↩
  3. Robinson, J., Gonzales, D., & Edwards, G. (2023). MCU: The Reign of Marvel Studios. Liveright Publishing ↩
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