Foreboding

En torno a la ausencia Por Diego Salgado

Es difícil concluir una vez vista Foreboding (Yochō, 2017) si Kiyoshi Kurosawa logra llevar a su terreno la obra teatral que adapta a la pantalla o si tan solo otorga a la dramaturgia de Tomohiro Maekawa una frágil pátina de legitimidad cinematográfica que a punto está de naufragar en la segunda mitad del filme y que se muestra con demasiada frecuencia deudora de La invasión de los ladrones de cuerpos (Invasion of the Body Snatchers, Don Siegel, 1956) y sus declinaciones posteriores y títulos canónicos del propio Kurosawa como Pulse (Kairo, 2001). La puesta en escena de Foreboding abunda en aciertos, pero parece curiosamente empeñada en hacer poco verosímil el planteamiento de Maekawa: una invasión alienígena cuya avanzadilla integran expedicionarios que, camuflados con nuestra apariencia, sustraen de la mente humana aspectos intransferibles de su idiosincrasia —temor, amor…— a fin de conocernos en profundidad y dominar la Tierra más fácilmente.

Las disonancias que se perciben en las imágenes pueden achacarse además a que, como largometraje, Foreboding condensa lo que en origen es una serie televisiva compuesta por cinco capítulos de cuarenta minutos de duración cada uno. Es decir, la película dispone de una hora menos de metraje que la serie para contarnos cómo la protagonista, Etsuko, se descubre inmune a los manejos de los extraterrestres y por tanto capaz de revolverse contra ellos, una excepción frente al desamparo de la mayor parte de la población y la adopción por parte de algunos seres humanos —entre ellos Tatsuo, su marido— de un papel terrible: el de colaboracionistas más o menos voluntarios que, de acuerdo a sus fobias personales, guían a los alienígenas infiltrados hasta receptores muy exactos de determinados sentimientos al objeto de que les sean arrebatados.

Foreboding

Foreboding es, por otra parte, un derivado o spin-off de Before We Vanish (Sanpo suru shinryakusha, 2017), realizada asimismo por Kurosawa. Ello introduce otro factor de riesgo para el equilibrio de la ficción, aunque el esfuerzo por abordar la obra de Maekawa y el argumento manido de las infiltraciones extraterrestres desde un nuevo punto de vista se salda en líneas generales con acierto. Before We Vanish hace gala de un talante costumbrista, mundano, sustentado en una dirección funcional y el recurso a efectos especiales coloristas, a fin de transformar el anhelo de los alienígenas por vampirizar facetas de la condición humana en excusa para deconstruir con talante satírico las instituciones sociales, familiares y de pareja. Foreboding aboga en cambio por el principio de incertidumbre existencial; por una inquietud metafísica consustancial al cine de Kurosawa que amenaza de continuo con socavar las exigencias del relato, con poner en duda incluso su pertinencia.

Before We Vanish no se molesta demasiado en ocultar su naturaleza de producción comercial. Foreboding se constituye en su cara B, en el peaje que el cineasta se exige a sí mismo por tomar parte en un proyecto vinculado al auge en la industria del audiovisual japonés de las franquicias multimedia. Ello redunda en sus titubeos expresivos, que, volvemos al principio, deben en cualquier caso su razón mayor de ser al tratamiento por Kurosawa de la obra de Tomohiro Maekawa: en Sanpo suru shinryakusha y, por extensión, la mayor parte de su escritura, Maekawa ponía de manifiesto su fe en los tropos del género fantástico y los resortes propios del aparataje dramático para «profundizar en la esencia de nuestro ser (…) averiguar qué hace personas a las personas»” 1 por debajo de las estructuras sociales que nos articulan, pero también nos constriñen, en el día a día.

Foreboding

Kurosawa opera en sentido contrario. Desde los primeros planos de Foreboding, en los que la figuración humana se abre paso con dificultad, hasta el último, que nos muestra en plano general a Etsuko y Tatsuo petrificados en un abrazo inerme mientras erosiona sus efigies la lluvia torrencial en que se sustancia la invasión alienígena, su intención pasa de nuevo por certificar que los constructos de lo fílmico resultan indisociables de nuestros consensos y debates acerca de lo que es humano o no, de lo que significa realmente ser humano bajo las apariencias. Los tropos del fantástico y el terror no son para él útiles que permiten conjurar los signos, la presencia, de verdades básicas sobre nuestra existencia vía el ritual catártico del grito; sino aproximaciones codificadas por el género a la ausencia de cualquier verdad, al silencio del mundo en sí, a la invisibilidad del universo antes y después de que nosotros tengamos la oportunidad de asomarnos a su fondo sin fondo.

Cuando los personajes aceptan colaborar en Foreboding con los extraterrestres, atraviesan el espejo y sus seres queridos empiezan a percibirlos por tanto como fantasmas. En palabras de Etsuko, como «algo que no debería haber visto». Unos y otros tienden de pronto a abstraer sus miradas en un horizonte ajeno, tanto al tiempo que les ha correspondido vivir, como al espacio que les ha tocado en suerte ocupar…. Tienen la corazonada —foreboding, título internacional del filme— de que hay algo más allá, y ese algo que es la nada dinamita los perfiles de su realidad y los de cualquier recreación fílmica posible de la misma y sus alternativas. Pues la ausencia no es la falta de presencia o una expresión alternativa de la presencia, sino el estado de lo inaccesible a nuestra presencia, de cuanto no requiere de nosotros para ser.

De ahí, en definitiva, la razón de que las ideas de Tomohiro Maekawa acerca de lo alienígena, de un Otro cuya necesidad de saber qué significamos como especie simboliza nuestra esperanza bienintencionada en alcanzar a comprenderlo algún día, se concrete en Foreboding como metáfora circular: los extraterrestres posan el dedo índice de su mano derecha sobre nuestras frentes para robarnos el rasgo de identidad humana que precisan en un momento dado, y nuestra respuesta instintiva es una lágrima que delata nuestro sentimiento de pérdida. Cuando finalmente nos atacan en masa, los invasores optan por arrojar sobre nosotros, como apuntábamos, un aguacero; léase, una emulación torrencial de nuestros valores, bajo la que probablemente perezcamos. Los Otros se limitan a reflejar y devolver los atributos que nos han hecho atractivos para ellos.

Foreboding

Foreboding es mucho más interesante antes, cuando Etsuko aún no dispone de una explicación lógica para lo que ocurre y siente tan solo que todo se desmorona a su alrededor o, para ser más exactos, que su ser ha devenido un verso suelto y su mundo uno  en el que no tiene hueco a medida que la sustracción de las cualidades de quienes la rodean imposibilita su consonancia afectiva con ellos. Kurosawa siempre ha sido un maestro en el arte de la desolación, a la hora de convertir los interiores y los exteriores en paisajes del extrañamiento. En la primera mitad de Foreboding hay ejemplos sobrados de ello. Los contrastes entre lo inerte fotográfico y el movimiento revelado por la entrada y salida de los cuerpos del plano y, en ocasiones, meramente por una brisa que anticipa la tormenta en marcha; la disposición inquietante a espaldas de los personajes de pasillos y huecos de puertas y ventanas; la creación de una profundidad de campo abisal gracias a visillos, mamparas, juegos con la luz y la irrupción de sombras, se cuentan entre las estrategias con las que Kurosawa está a punto de conseguir lo imposible. Que seamos testigos de la ausencia, de nuestra ausencia.

 

  1. OKANO, Hirofumi (2008): «Artist Interview: Weaving a thread of the supernatural into the daily lives of the young generation The world of playwright Tomohiro Maekawa and his theater company Ikiume», 24 de diciembre en Performing Arts Network Japan, https://performingarts.jp/E/art_interview/0811/1.html.
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