Invasor y Sinister

Por Arantxa Acosta

Invasor (España, 2012). Director: Daniel Calparsoro. Sección Oficial Fantàstic Gales.

Sinister (EUA, 2012). Director: Scott Derrickson. Sección Oficial Fantàstic Competició.

Llegamos ya al jueves, y no nos es difícil enfrentar dos películas siniestras, aunque cada una a su manera. Porque si bien era más que evidente que la norteamericana Sinister nos va a «deleitar» con algún oscuro secreto, no nos esperábamos, en absoluto, que el verdadero relato de terror del día lo encontrásemos en la española Invasor. Toda una joyita que desde aquí defendemos como lo que puede ser una de las mejores del cine patrio que hemos visto en mucho tiempo en el Festival (y con esta afirmación, por supuesto, estamos incluyendo también en el saco a Lo imposible).

Basada en la novela de Fernando Marías, Invasor nos explica el dilema moral de Pablo, un médico militar destinado en Irak junto a su compañero y amigo Diego. Tras saltarse el reglamento para salvar a una mujer, los dos se ven envueltos en una difícil situación: para sobrevivir «tendrán» que matar a una familia del lugar. Pero la versión oficial que el Gobierno desea mantener será muy distinta, dado que soldados americanos también están implicados. Pablo tendrá que decidir si por el bien de su propia familia miente sobre lo ocurrido, o si se arriesga a hacer que la verdad salga a la luz.

En el film de Calparsoro encontramos una dura reflexión acerca del propósito real de una guerra, de la manipulación de los medios y de las personas que nos gobiernan (representadas excelentemente por un Karra Elejalde que borda su papel de manipulador). Ahí es nada. Y lo hace sin defender abiertamente ninguna posición, planteando objetivamente las acciones de unos y otros para que sea el espectador el que decida. Al igual que su protagonista, saca a la luz una situación que quiere que nosotros mismos juzguemos. Así que, al contrario de lo que estamos acostumbrados, no se dramatiza en exceso ninguna situación (y en concreto las que se suceden en terreno de combate), por lo que se obtiene un film equilibrado en su contenido que aterra no tanto por sus palabras, sino por sus imágenes. De hecho, el realismo conseguido con la puesta en escena es una de las grandes bazas de Invasor.

Invasor de un país, de una casa, o de una familia, buenos y malos de difuminan: unos quedarán libres, otros serán encarcelados, peor todos acabarán encerrados en su particular prisión. Si bien es cierto que patina en algunos momentos, por falta de rigor interpretativo básicamente (a destacar además de Elejalde el magnífico trabajo de Antonio de la Torre, que se come casi literalmente a Alberto Ammann cada vez que salen juntos en la pantalla — algo que ya le pasaba a éste con Luis Tosar en Celda 211, por cierto), es un film que recomendamos totalmente, al tratarse de una historia simple pero efectiva, bien rodada (aunque no llega al nivel en el que se publicita), y que nos deja una terrible desazón en el cuerpo.

Invasor

Invasor

Así que, contrariamente a lo esperado, la española nos sorprende mientras que la estadounidense, que venía avalada por contar con Ethan Hawke de protagonista y (en menor medida) por ser dirigida por el responsable de El exorcismo de Emily Rose (2005), nos deja más bien fríos.

Sinister tiene un arranque tan desconcertante como prometedor, con la reproducción de una cinta en super 8 de una terrible escena con cuatro personas que terminan ahorcadas.

Tras la consciente perturbación inicial, conoceremos a Ellison, escritor en horas bajas que pretende recuperar la gloria perdida escribiendo un libro sobre la misteriosa desaparición de una niña y el cruel asesinato de su familia. Pronto sabremos que la familia de ahorcados es la de la niña desaparecida, gracias a que el escritor encuentra en el desván de la casa películas caseras en las que se muestran este y otros muchos más asesinatos a sangre fría, que parecen interconectados.

El director juega notable y efectivamente con el suspense, a través no sólo de la reproducción de las cintas (hay que reconocer que los asesinatos están bien urdidos) sino sobre todo de la preparación mental del protagonista (y, por ende, del espectador) para visualizarlas, representada magníficamente con la puesta en escena pero por encima de todo con la disposición en primer plano, una y otra vez, de la máquina de reproducción. Y es que cada vez que Ellison se encierra en su cuarto y coge uno de los carretes el espectador se debate entre el horror de imaginarse qué va a venir a continuación y el morbo de verlo. Todos somos curiosos, y un poco sádicos, supongo. En fin. El avance de las investigaciones del escritor nos absorbe por completo… hasta que vemos peligrar el desenlace final. Y hay un momento clave, en el que una imagen de la pantalla del ordenador del investigador se pone en movimiento, que nos indica sin duda el inicio de la hecatombe. En sentido literal y figurado, por supuesto. Porque lamentablemente abandonamos la tensión inicial para degenerar el buen resultado que estaba obteniendo la película hasta convertirlo en una burda historieta de fantasmas y ritos pseudo-satánicos que no le hace ningún favor a todo lo conseguido durante los primeros sesenta minutos.  Un final más que precipitado, que se remata con un plano final más que innecesario y que da paso a unos títulos de crédito más que copiados a la fantástica Se7en (David Fincher, 1995). Y, nos obstante, aunque la aprobamos justito, la recomendamos a los amantes de los thrillers psicológicos, que ya que escasean (los thrillers, no los amantes), al menos que puedan disfrutar de uno, y muy bueno, durante toda una notable primera parte.

Sinister

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