Novos Cinemas #8 (II)

La serena contemplación argentina Por Yago Paris

Una de las obras que más me estimuló en la edición de 2022 de Novos Cinemas fue Álbum para la juventud (Malena Solarz, 2021). Esta pequeña obra, encuadrada dentro de la sección Latexos, fue quizás la mayor sorpresa que me llevé, y sin duda resultó ser la obra con la que más conecté a un nivel emocional. Aquella cinta mostraba a un grupo de jóvenes tardoadolescentes explorando la existencia con la calma y el sosiego propios de la estación estival, cuando el curso ya ha terminado y lo que queda es vivir experiencias e improvisar planes. Sin grandes estridencias, habituales en cierto cine adolescente y juvenil que expone la existencia de la juventud como una montaña rusa de emociones asociadas a un carrusel de eventos, Malena Solarz exploraba la condición humana en estas edades desde una parsimoniosa contemplación.

Álbum para la juventud

Álbum para la juventud (Malena Solarz, 2021).

Sensaciones similares me han vuelto a llegar al ver las tres obras argentinas programadas en la edición de 2023 de Novos Cinemas, lo que me lleva a plantearme, más como reflexión a vuelapluma que como ambiciosa investigación, si existe una manera especial, en cierto cine de autor contemporáneo argentino, de plasmar la realidad. Casi como si de una decisión reaccionaria frente al clima de constante conflicto y crisis que se vive en Argentina se tratara, estos filmes apuestan por una mirada profunda y serena, capaz de extraer perlas de verdad en sucesos aparentemente intrascendentes pero en realidad, y en última instancia, clave para comprender la existencia. Estas películas son Abril, verde, amarillo (Santiago Aulicino, 2023), programada en la sección Latexos, y Clara se pierde en el bosque (Camila Fabbri, 2023) y Cambio cambio (Lautaro García Candela, 2022), programadas dentro de la Sección Oficial.

La primera de todas es la que más se parece a la obra con que se abría este texto. Ya desde el propio título, Abril, verde, amarillo, el filme juega al desconcierto. Un joven (el propio Santiago Aulicino), sin mediar argumentos aparentes, se enclaustra en su casa para componer, mientras sus amigos asisten absortos, principalmente su amiga más cercana, Ingrid (Ingrid Pokropek), a su decisión. Actores que comparten el nombre de pila de sus personajes nos lleva a pensar que se está estableciendo un juego entre realidad y ficción, algo que se expande al analizar el tono del filme, principalmente mediado por las propias actuaciones. Entre la comicidad clown propia de Buster Keaton y sus caras inexpresivas, y una cierta agresividad en las palabras utilizadas, los actores, dirigidos de manera notable por el cineasta, logran generar en la audiencia un estado de desconcierto, pero en el que siempre se entrevé el lado cómico del asunto. Aunque parezca grave, en realidad todo es liviano; aunque los personajes reaccionen con enfado, la puesta en escena y el tempo narrativo suavizan cualquier aspereza, dando lugar a una narración juguetona, muchas veces abstraída de la realidad, y siempre capaz de desembarazarse de la en realidad innecesaria gravedad de la vida, como estas películas parecen querer transmitirnos.

Abril verde amarillo

Abril, verde, amarillo (Santiago Aulicino, 2023).

Algo similar sucede en Cambio cambio. La película narra la historia de un joven ambicioso que, ante su situación de crisis económica –que es la de buena parte de la Argentina joven (y no tan joven)–, decide reaccionar de manera ambiciosa dando el salto al mundo del intercambio de divisas. El protagonista pasa a ejercer de «arbolito», como en Argentina se le dice a los intermediarios que tratan de captar por la calle a turistas que quieran cambiar sus dólares por pesos argentinos. Nada más comenzar a trabajar en este nuevo empleo, su cartera se va hinchando, y la posibilidad de ganar todavía más se hace patente cuando descubre grietas en el sistema a través de las cuales puede hacer negocio por su cuenta, a pesar de que, de ser descubierto, pueda sufrir graves consecuencias, ya que se trata de un sector donde las traiciones se pagan caras. De manera inesperada, la película se convierte poco a poco en un thriller propio del cine comercial estadounidense, pero todos los momentos que podrían dar lugar a una aceleración del ritmo y a un aumento de la intensidad dramática son frenados por su autor, que opta por la contemplación distanciada –mediante una constante filmación con teleobjetivo–, casi como si estuviera estudiando antropológicamente a sus personajes. Lo cotidiano siempre le gana la partida a lo genérico, casi como si un thriller a la argentina tuviera que rozar lo amateur, como si sus personajes fueran incapaces de comportarse como lo harían si estuvieran en las calles de Los Ángeles.

Cambio cambio

Cambio cambio (Lautaro García Candela, 2022).

La tercera y última de las cintas argentinas en competición es Clara se pierde en el bosque. Camila Fabbri firma la que probablemente sea la más emocionalmente grave de las cuatro obras mentadas en este texto, por lo que podría cuestionarse su inclusión en esta línea de aparente levedad dramática y narración amable. Es cierto que la seriedad del relato está presente: la protagonista se embarca en un siempre espinoso viaje para conocer a la familia de su novio, y, durante el trayecto en coche, recibe un mensaje que destapa dos temas de enorme profundidad, tales como la rememoración de la tragedia de la sala de conciertos República Cromañón, en cuyo incendio ella se encontraba junto con unas amigas, o la posibilidad de una futura maternidad, un tema que hasta entonces rechazaba de pleno, pero que a medida que evoluciona el relato pasa a convertirse en una posibilidad real. Estamos, por tanto, ante los mimbres claros de un drama con raíces en lo traumático, y esto necesariamente afecta al relato, comparativamente más serio y denso. No obstante, lo que me lleva a incluirla en esta lista es la manera en que su directora se aleja, a pesar de todo lo narrado, del estado emocional de la protagonista. Su proceso se le hace patente al espectador en todo momento, pero la narración establece una suerte de distancia de seguridad, que permite no emborronar el cariz observacional con excesos emocionales. El resultado es otra narración serena, capaz de lidiar con una realidad que no pretende relativizar de manera juguetona, pero que es capaz de mostrar sin grandes aspavientos.

Clara se pierde en el bosque

Clara se pierde en el bosque (Camila Fabbri, 2023).

En conjunto, estas tres obras no solo destacan por sus similitudes a la hora de encarar la construcción de la ficción y la reflexión vital en torno a la existencia de la juventud argentina, sino que, además, se caracterizan por la solvencia con que consiguen equilibrar sus diferentes partes, manteniendo un tono férreo de ligereza observacional, lo que, a la postre, las convierte en tres de los filmes más destacados de esta edición de Novos Cinemas.

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