La ventana indiscreta

Por Pablo Muñoz

En los últimos tiempos, ha circulado un tópico realmente persuasivo: las empresas que ofrecen servicios de streaming son un peligro que se opone a la exhibición en salas de cine y que amenazan con la existencia del cine tal y como lo conocemos.

En este ensayo pretendo llevar un poco la contraria al tópico y decir que, en realidad, todo este dualismo o dicotomía no tiene nada de enfrentamiento. Lo hago desde el punto de vista de un ciudadano informado y no pretendo arrojar con ello ningún conocimiento experto, sino más bien ofrecer una perspectiva modesta, basada en la experiencia de quien acude regularmente a las salas.

 

I.

Cuando empiezo a escribir este texto, me sorprende que una película apoyada por un gran estudio, de notable popularidad, con una presencia manifiesta en la mayoría de cines españoles, esté ya a la venta en la mayoría de plataformas digitales. Me refiero, claro, a Dune: Parte 2 (Dune Part Two, Denis Villeneuve, 2024), estrenada con éxito el pasado 3 de marzo. Es decir, no hace siquiera dos meses y la película puede ser vista tranquilamente en cualquier televisión vía pago.

Este es un caso extremo, en medios de producción y éxito, pero sorprende la insistencia en que la película deje de importar rápidamente. Hace un par de semanas me planteaba ir al cine a ver un par de ofrecimientos bien distintos. El primero, la película de terror La primera profecía (The First Omen, Arkasha Stevenson, 2024), estaba apoyado por un gran estudio, y el segundo, La bestia (La béte, Bertrand Bonello, 2023), era una película de arte y ensayo, más minoritaria, pero con una estrella de protagonista. 

Dune 2

Dos semanas, quince días, han bastado para que esto sea complicado. La película de terror de la major no está en las multisalas (no digamos ya en versión original), y la película de arte y ensayo aparece marginada en algún pase nocturno. 

Este relato tiene el carácter obvio de anécdota. Sin embargo, es un relato que se repite, una y otra vez, en mi vida desde 2023: al cabo de dos semanas, es bastante plausible que ya no pueda ver tal o cual película porque ha desaparecido de las salas. ¿Cómo es posible?

 

II.

El verano pasado las salas vivieron un caso extremo bien conocido. Fue el llamado Barbieheimer, la prueba de que la espontaneidad humana tiene todavía un alcance incluso en productos con amplio apoyo industrial: las dos películas fueron éxitos por encima de sus expectativas y permanecieron en cartelera todo el verano.

Para cualquiera que las viera en verano, lo que llamó la atención fue que las salas estaban llenas de gente corriente. Por “gente corriente” entiendo un público con las siguientes características: intergeneracional, en grupos humanos diversos (amigos, parejas, ¡hasta famílias!), y con grados diversos de apego al carácter de evento de las películas.

Barbienheimer

Hay otros casos de películas menos dominantes, con un apoyo corporativo menor, que también son interesantes. Sound of Freedom (Alejandro Gómez Monteverde, 2023), Anatomía de una caida (Anatomie d’une chute, Justine Triet, 2023), La ballena (The Whale, Darren Aronofsky, 2022) o Asteroid City (Wes Anderson, 2023) tuvieron buenos resultados por copia. Lo mismo sucedió con El maestro que prometió el mar (El maestre que va prometre el mar, Patricia Font, 2023), por citar producciones nacionales.

 

III.

Hay dos formas de interpretar el fenómeno de las películas de Christopher Nolan y Greta Gerwig. La forma optimista nos diría que fueron un recuerdo de la fuerza del cine y de que las películas genuinamente populares están en salas y funcionan realmente. Sin duda, hubo algo de eso.

Pero una forma menos optimista diría que fueron una externalidad positiva en un plan cuidadosamente diseñado para gestionar una industria en declive secular, donde el objetivo principal es precisamente que el espectador vaya al cine un par de veces al año y que, de hecho, no cambie necesariamente de opinión al respecto. 

Disney 2023

Durante mucho tiempo, nuestros amos y comerciantes han insistido en llamar “ventanas de exhibición” a lo que sucede en las salas o en formas de consumo doméstico. Yo diría que es una ventana solamente: las películas pasan fugazmente por salas y, con un poco de suerte, quizá las arañaremos en alguna plataforma digital hasta que vayan de limbo en limbo. No es un fenómeno nuevo, pero es conveniente discernir lo que sí tiene de novedoso (una cartelera extraordinariamente limitada) para ofrecer alguna mejora.

En este sentido, no creo que la gente apoye más o menos a las salas. Creo que desde un punto de vista racional, contando que el cine es una opción más dentro del ocio y/o la cultura, actúan con los incentivos que el sistema les ofrece.

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